LA LENGUA NO ES DE TRAPO

ERRORES ORTOGRAFICOS

Que la ortografía castellana tiene mucho de arbitrario, nadie lo duda. Aunque bueno es reconocer que, comparada con otras lenguas como el francés, el alemán o el inglés, aparece como un modelo de escritura fonética.

Lo que la hace aparentemente caprichosa es la presencia de más de un grafema para representar el mismo fonema. Es el caso de la ce, la ese y la zeta que representan el sonido /s/; o la ge y la jota para el sonido /j/ y la be y la uve que se usan para representar gráficamente el fonema /b/.

Esta última dicotomía es la responsable de un error ortográfico inexcusable detectado en el envoltorio de un paquete de algodón Zigzag, donde se nos informa que dicho algodón es ‘absorvente’. Tanto el verbo ‘absorber’ como el adjetivo ‘absorbente’ se escriben las dos veces con be. También se escriben con be dos de sus parónimos, ‘adsorber’ y ‘adsorbente’, aunque no así ‘absolver’.

Me permito llamar la atención sobre este error ortográfico, pues el hecho de hallarse impreso en el envase de un producto de consumo habitual lo hace visible para todos, y como usted sabe, caro lector, la palabra escrita goza de un incuestionable prestigio. Entonces, lo más probable es que si alguien, mientras reflexiona sobre la vida y otros tópicos sentado en el inodoro, deja que su vista se detenga sobre el paquete de algodón que seguramente se halla en una repisa del cuarto de baño, tomará por correcta la grafía equivocada y terminará por creer que ‘absorbente’ se escribe con uve la segunda vez. Digo esto porque me consta que no todos los uruguayos son tan ladillas con las cuestiones del idioma como yo, y no andan corrigiendo a la gente ni preguntándose si algo estará bien escrito o no.

Así es como se generalizan los barbarismos, gracias a las metidas de pata de los comunicadores (políticos, publicistas, diseñadores, locutores, periodistas, animadores de programas televisivos, etcétera), cuyo prestigio social los convierte en modelos que la masa emula más o menos inconscientemente.

–La verdad, Mendieta, he quedado indignado por ese error ortográfico, así que para mitigar el espanto, no voy a tener más remedio que tomarme otra grapita.

–¡Qué lo parió!

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