Homenaje a Atahualpa Yupanqui, hoy en la sala teatral de Agadu
El homenaje con acceso gratuito se concretará en el marco de las actividades conjuntas entre la Asociación General de Autores del Uruguay (Agadu) y el Centro Cultural San Martín de la ciudad de Buenos Aires. Se proyectará en pantalla gigante, entrevistas y actuaciones del folclorista y disertará a propósito de su figura y trayectoria, el novelista Enrique Estrázulas.
Se escucharán además las voces de intérpretes de la talla de Mercedes Sosa, Eduardo Falú, Teresa Parodi, León Gieco y Piero, así como las actuaciones de los artistas uruguayos Héctor Numa Moraes, Yamandú Palacios, Manuel Capella, Juan José de Mello, Lucio Muniz, María Elena Melo, Robert Ravera y Marisabel Ricci, entre otros. Cuando Héctor Roberto Chavero (1908-1992) decidió llamarse Atahualpa Yupanqui, nacía para América uno de sus más grandes cultores de la música popular. A los 13 años decidió cambiar su nombre por Atahualpa Yupanqui adoptando una postura netamente consustanciada con la tierra y el hombre. Yupanqui significa en lengua amauta «has de contar, narrarás», como en un presagio de lo que sería la característica fundamental de su vida y obra. Su producción literaria no termina con el par de libros habitualmente citados («El payador perseguido» y «Canto del viento»), además realizó una impresionante labor rescatando composiciones de autores anónimos trasmitidas en forma oral, y cantadas por músicos intuitivos que deambulan por los campos americanos.
La relación de Atahualpa Yupanqui con Uruguay no sólo se dio a través del poeta Romildo Risso. Tras participar de la revolución frustrada en apoyo a Hipólito Irigoyen, debió exilarse en nuestro país. «Y Uruguay era una tierra generosa conmigo y con todo el mundo expresaría Yupanqui años después.
A veces digo, en serio y en broma, que soy tan antiguo en su tierra que el Teatro Solís se hizo conmigo adentro».
Recorrió la campaña uruguaya, dejando también sus impresiones sobre nuestros músicos: «Escucho a jóvenes cantores de hermosa voz y simpática apariencia que andan por ahí, entonando cantares de Brasil, de Argentina, de México, de Chile. No está mal, pero está mal. Es que no se han hecho amigos del Viento. Es que no se han aprendido la gran lección de los desvelados… Y son uruguayos. Y aman su tierra. Pero la urgencia de vivir les va acortando la vida. Y han de pasar por la tierra sin haberla traducido».
Yupanqui prefería a los músicos nómades, los anónimos que andan encontrando sonidos en la tierra, «el anónimo payador de viejas estancias, el trovero sin suerte de los Pueblos de Ratas, el narrador de cuentos que endulza los eneros en Aiguá, el cantor de los anchos caminos entre Rocha y Lascano, el florido juglar de Valle Edén».
Sus libros forman parte de los textos de primaria y secundaria en Francia, en Alemania Federal, en 1985 fue premiado como autor del mejor disco grabado en lengua extranjera, y en su tierra, sus obras circulan sólo en un reducido núcleo de seguidores. En gran medida porque desde sus inicios optó por cantar y decir bajo una premisa bien definida: «Si la pena mía es la pena de mucha gente, si el tajo que yo recibo es el de muchos, entonces ya empieza a interesar a los demás. La consecuencia de mi trabajo es reflejar la realidad de los hombres, la pobreza no la inventé yo… pero a veces le canto».
Compartí tu opinión con toda la comunidad