INQUISIDORES DE LA ERA CONTEMPORANEA

El 2 de octubre de 1928, José María Escrivá de Balaguer fundó el «Opus Dei», como «camino de santificación dirigido a toda clase de personas en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano».

Como medio para alcanzar los propósitos de la institución, Escrivá concibió el llamado «plan de vida» que debían seguir los miembros, el cual incluye, entre otras, prácticas como la misa diaria, la comunión, el rezo del ángelus, la visita al sagrario, la lectura espiritual, el rosario y los castigos corporales.

Algunos de los métodos más retrógrados e inconcebibles de dominación individual y colectiva promovidos y aplicados por esta entidad religiosa, son el ayuno y la autoflagelación.

Esas medievales estrategias, que parecen inverosímiles en la era contemporánea, tienen como objetivo acabar con toda pulsión transgresora, amaestrar conciencias y ponerlas al servicio del omnímodo poder eclesial.

Según el líder espiritual, la finalidad de estas prácticas era unirse a la Cruz de Cristo, además de domar las pasiones, castigando el cuerpo y fortaleciendo la voluntad.

El «Opus Dei» fue fundado como «camino de santificación dirigido a toda clase de personas», lo que resultaba novedoso, pues, en aquella época, sólo los religiosos podían ser santos.

Según explicaba el propio Escrivá, la finalidad del Opus Dei es «contribuir a que haya, en medio del mundo, hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales que procuren amar y servir a Dios y a los demás hombres, a través de su trabajo».

Para su fundador, la actividad principal de la organización es dar formación a sus miembros y a la gente que quiere recibirla, en una suerte de «gran catequesis».

Sin embargo, más allá de que en apariencia esta congregación es similar a muchas otras dentro de la Iglesia Católica, algunos de sus métodos de captación y retención de miembros, como así también sus preceptos de funcionamiento interno, la asemejan, a la vista de muchos críticos, a una secta.

Es notorio el odio acérrimo que profesó Escrivá de Balaguer por el comunismo, al cual tildó, en alguna oportunidad, de «satánico». Por otra parte, su reconocida simpatía hacia algunos grupos y personajes de ultraderecha ­muchos de ellos reconocidamente fascistas- ha alimentado la polémica en torno a las intenciones de la congregación, más allá de lo meramente religioso.

En «Justos por pecadores» ­novela finalista del Premio Planeta-Casamérica 2008- el periodista y escritor colombiano Fernando Quiroz narra la historia de Vicente, un joven que, luego de pertenecer al Opus Dei durante una década, encuentra una razón para escapar.

Al retornar al mundo exterior, comienza lentamente a comprender el lavado de cerebro y las manipulaciones psicológicas de las que fue objeto en la congregación, que lo convirtieron en una persona atormentada por los miedos y las culpas, e incapaz de relacionarse normalmente con una mujer.

Cabe resaltar que, en oportunidad de la entrega del galardón, el propio autor admitió que este libro de denuncia tiene un fuerte componente autobiográfico, por cuanto él mismo perteneció a la institución.

Narrando su peripecia en primera persona, el protagonista ingresa en los laberintos del terror, al describir ­explícitamente- los terribles padecimientos de su experiencia de reclusión.

Cuando ya no soporta más la barbarie de los inquisidores, se propone investigar su caso, accediendo clandestinamente a los propios archivos de la organización. Ello le permite descubrir algunos pormenores de la sistemática manipulación física y psicológica a la cual ha estado siendo sometido.

Luego de reunir el valor necesario para atreverse a tal transgresión, logra eludir la severa vigilancia de sus «compañeros» y llegar hasta la oficina donde se guardan los documentos que incriminan a estos verdugos de la voluntad.

Dentro de su legajo, que está plagado de recomendaciones inquietantes que le revelan algunos de los métodos que utiliza la congregación para mantener a sus miembros controlados y obedientes, encuentra además una carta de su padre, que le fue ocultada, en la cual su progenitor, que padece una enfermedad terminal, clama por verlo por última vez antes de morir.

Queda al descubierto que una de los métodos de control que ejerce el Opus Dei sobre sus miembros, particularmente sobre los más jóvenes y vulnerables emocionalmente, es apartarlos paulatinamente de sus familiares y amigos, práctica habitual en todas las sectas, que procuran sustituir la familia real por la

«familia» artificial que supone el grupo religioso.

El autor describe minuciosamente ese largo proceso de despiadada conculcación de la libertad individual y grosera violación de los derechos humanos.

Quiroz denuncia, además, la presión que se ejerce sobre los miembros para que donen cuantiosas sumas de dinero e incluso propiedades u otros bienes materiales.

También revela, con lujo de detalles, las prácticas masoquistas a la que son obligados los miembros de la congregación, como mecanismo para expiar supuestas culpas y alcanzar la santidad.

«Justos por pecadores» no es la primera obra de denuncia escrita por un antiguo miembro del Opus Dei. Sin embargo, destaca particularmente por su franqueza y su cruda honestidad, valiéndose de un lenguaje sencillo pero directo, que le permite al autor denunciar las atroces practicas de esta cuestionada congregación religiosa.

(Editorial Planeta)

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