En Cinemateca Uruguaya. En dos salas durante las vacaciones de julio

Comienza hoy la décima edición del Festival de Cine de Invierno

No son películas comunes. Se trata del cine de autor de muy diversos países y creadores, propuestas artísticas a veces radicales. En nueve secciones, el festival abre una ventana al nuevo cine de Islandia y de Irlanda, presenta una monográfica del cine de Michael Haneke, despliega tres panoramas sobre las obras maestras contemporáneas de cineastas en su mayoría aún desconocidos en Montevideo. Uno de los panoramas se denomina significativamente Tapando baches, para el caso baches culturales, omisiones a cubrir. Por primera vez se exhibirán todos los filmes de Maya Deren, figura mítica de la vanguardia norteamericana. Y una de las secciones presentará varios largos uruguayos de nuevos directores.

Hoy el Festival empieza con el Focus Islandia («101 Reykjavik» de Baltasar Kormákur), «Redacted» de Brian De Palma, el primero de los filmes a exhibir de Hou Hsiao-hsien («Flores de Shanghai» ) y la apertura de la sección de Irlanda con «Reparación de una máquina» de Niall Henry, en Cinemateca 18. En esa inauguración estará presente una delegación de Irlanda, que llega especialmente al festival. En Sala 2 también hoy irán películas de Israel («La visita de la banda»), Islandia («Luz fría», de Hilmar Oddsson ) y la premiere del largometraje uruguayo «Es esa foto» de Alvaro Peralta, que se presentará oficialmente el sábado 12 en Cinemateca 18.

Que en Uruguay se desconozca todavía la obra de Hou Hsiao-hsien, que se ignore el cine de la japonesa Naomi Kawase, que no se hayan exhibido los filmes del francés Philippe Garrel, o que la obra más reciente de Tsai Ming-liang («La nube errante», y como productor «Ayúdame Eros») o de Aleksandr Sokurov («El sol») o de Jafar Panahí («Offside») o de Andrzej Wajda («Katyn») permanezcan desconocidas, son pequeñas vergüenzas nacionales en un país que se preciaba por su cultura cinematográfica. Lo que se pierde empero no es la erudición de conocer el cine nuevo del mundo, sino el abrir la cabeza de los aficionados con otro cine posible que existe.

Como datos reveladores los tres panoramas del Festival traen, por ejemplo, la sensibilidad del chino Hou y sus distanciamientos en el tiempo (en «Millenium mambo» los conflictos de convivencia, droga y abuso en Taipei en tiempo presente son evocados desde la banda sonora por un personaje que habla desde el 2011; en «Café Lumière» descubre el Japón y su cultura con una mirada china que es la del propio realizador; y en «Tres tiempos» cuenta tres historias en tres tiempos: 1911, 1966 y 2005), mientras que en «Flores de Shanghai» una historia de prostitución y opio en el siglo XIX aparece encubierta por una experiencia visual sugestiva, con una belleza que puede ser el ensueño del opio, poblado de imágenes de particular hermosura, evocativa y desafiante a la vez.

Los dos filmes de Tsai Ming-liang, «La nube errante» y «Ayúdame, Eros» (el segundo dirigido por su discípulo Lee Kang-cheng, pero producido por Tsai), tienen que ver con el amor, el sexo y la desolación en una Taipei muy pos moderna e inconfortable. Un protagonista de cine porno sirve para la crítica del género a través de climas, tomas en tiempo real, coreografías que comentan la acción o la prolongan.

En la película de Lee el protagonista fantasea al borde de la locura, una evasión posible a la que se atreve.

Los panoramas traen también la visión personal de la historia del ruso Sokurov («El sol»), con Hirohito tras la derrota admitiendo que quizás no es un dios, en una aproximación minimalista de los hechos históricos.

También incluye la primera película que se exhibirá en Uruguay de la japonesa Naomi Kawase («El secreto del bosque»), meditación sobre la vida, la muerte, el paso del tiempo, durante un viaje de dos días en un bosque casi mágico y misterioso.

Desde el título, «Offside» del iraní Jafar Panahí, ironiza sobre las limitaciones que padecen las mujeres en su país, excluidas entre otras cosas de todas las competencias deportivas, una regla que las protagonistas intentan quebrar asistiendo a un partido de fútbol. También polémica, «Katyn» de Wajda, recuerdo y tributo a su padre, uno de los miles de oficiales polacos asesinados por la policía secreta stalinista en el bosque de Katyn, al tiempo que los nazis perdían la guerra. «Lunático» del checo Jan Svankmajer instala en una institución psiquiátrica la lucha entre la absoluta libertad y el absoluto control, pero lo hace bordeando el absurdo, quizás el horror, y debe entenderse como una réplica del mundo real que también está loco.

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