CONFESIONES DE UN REFERENTE LITERARIO
Pablo Silva Olazábal conoció a Jorge Mario Varlotta Levrero a través de un taller virtual para escritores y aspirantes, dictado por el talentoso autor compatriota.
En la introducción de «Conversaciones con Mario Levrero», Silva Olazábal confiesa que no perteneció a su círculo de amigos íntimos, ni integró sus talleres presenciales y que apenas se vieron una docena de veces.
Sin embargo, ambos escritores mantuvieron una fluida relación epistolar por correo electrónico, desde 2000 a 2004, vínculo que se mantuvo hasta la desaparición física de Levrero.
El libro se nutre de las más de trescientas páginas de correspondencia, en las cuales ambos discuten sobre una gran variedad de temas, pero centrándose, básicamente, en cuestiones como la concepción literaria y artística del recordado literato, su forma de ver e interpretar el mundo, sus aficiones, aquello que lo disgustaba, sus recurrentes manías y otras cuestiones no menos trascendentes.
Para elaborar esta obra, Pablo Silva Olazábal revisó sus archivos, seleccionado las conversaciones que le parecieron más relevantes, ya sea por revelar facetas trascendentes de Mario Levrero o por constituir material de importancia por su valor pedagógico.
El autor de esta obra ya había publicado previamente un resumen de las primeras conversaciones en un suplemento cultural, en el año 2000. En aquella oportunidad, el reconocido escritor uruguayo, que aún vivía, se manifestó complacido por la selección de las cartas y su contenido, aunque pidió que se especificara el contexto personal de la correspondencia, para explicar el tono informal de sus respuestas.
Del abundante material reunido en cuatro años de comunicación virtual, Silva Olazábal seleccionó alrededor de la tercera parte, ordenando dicha correspondencia en diez capítulos, según los temas preponderantes allí abordados.
El libro está elaborado como una gran entrevista. El primer capítulo versa sobre las distintas opiniones de Levrero, en torno a las técnicas de escritura y su importancia en la creación literaria.
El admirado escritor no confiaba en las fórmulas mágicas ni en modelos preestablecidos, sino en el trabajo de elaboración, según las reglas y técnicas del propio creador.
Asimismo, valoraba la utilidad de los talleres literarios, no tanto desde un punto de vista pedagógico, sino para ayudar al potencial creador a descubrir sus propios modos de hacer y decir.
Si bien tenía una larga lista de maestros que admiraba profundamente y admitió que en sus comienzos intentó emular sus estilos, defendía la idea de buscar siempre una voz propia y personal, aún cuando la tentación de aplicar fórmulas harto probadas fuera difícil de resistir.
Levrero creía en que el primer lector que un escritor debe conformar es él mismo. Además, era consciente de que su obra nunca alcanzaría difusión masiva y se sentía cómodo escribiendo para determinado público, afín a sus ideas y su concepción artística, alejado de la literatura de fácil consumo, en la cual el envase suele ser más llamativo y cuidado que el contenido.
También tenía la firme convicción de que la calidad literaria y la forma de contar la historia debía primar sobre el contenido, al afirmar que no existían ya temas originales sobre los cuales escribir y sólo enfoques y formas nuevas de narrar.
En los últimos años de su vida, ya no se dejaba impresionar por grandes historias, sino por narraciones sólidas y bien construidas. Recalcaba, con especial énfasis, el compromiso del autor con la realidad, pero descreía de la literatura panfletaria, a la cual consideraba prefabricada, con un modelo armado y esquemático, sin importar la ideología que esta defendiera.
Por otra parte, siempre reivindicó el humor, género del cual fue un destacado cultor, como un género mayor, injustamente menospreciado.
También es destacable su distinción entre autor y lector y cómo ambos roles se influyen mutuamente y se retroalimentan al momento de leer un texto, propio o ajeno.
Mario Levrero se destacó, entre otras facetas, por su amplia concepción del arte, reconociéndole un papel preponderante a expresiones como el dibujo animado o la historieta, géneros a menudo devaluados y depreciados por una anquilosada elite cultural.
Pablo Silva Olazábal inquiere al carismático y polémico escritor sobre cuestiones tales como sus manías, sus temores, sus sueños más recurrentes, sus métodos creativos y sus aficiones literarias y cinematográficas.
En ese contexto, enfatiza en su pasión por el género policial americano, su filosofía de vida y sus reflexiones en torno a la sociedad uruguaya de principios del siglo XXI.
Algo que quizá llame la atención y resulte un tanto chocante, es lo complejo y elaborado de las disquisiciones del autor del libro, que, por momentos, parecen pensadas para impresionar a Levrero. Ello contrasta, obviamente, con los brillantes y profundos conceptos vertidos por el entrevistado, mediante en un lenguaje coloquial y sin ambages.
El lector que admira a Mario Levrero o el que pretende conocer más de su pensamiento y obra, siente que el desmesurado protagonismo de Silva Olazábal atenta en parte contra la calidad del producto final.
Es obvio que lo primordial son las reflexiones y opiniones del entrevistado, que es precisamente la figura homenajeada.
No obstante, «Conversaciones con Mario Levrero» es un disfrutable y bien elaborado compendio, que recupera el pensamiento de uno de los más destacables y olvidados escritores contemporáneos uruguayos.
(Edición de Trilce)
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