Neuronas y neurosis

LA TRISTE ARGENTINIZACION DEL CONVENTILLERISMO (II)

Lo prometido es deuda. Ya estaban presentados los actores del desastre conventillero de los programas argentinos emitidos el pasado viernes 20. Ahora viene el contenido, más o menos, rescatable, de los peores momentos.

En la repetición de dichos que se dieron en los programas de tele privada abierta que llenan la tarde con los chimenteros argentinos («Los profesionales de siempre», «Resumen de los medios» e «Intrusos en el espectáculo») hubo una coincidencia. Los tres insistieron en el escándalo generado alrededor de Claudia Fernández y las declaraciones sobre su carrera, su mala opinión y agravios hacia el canal público Televisión Nacional y también sobre «Café verseatil», el programa de la tarde de Rafael Goncalvez.

Esto que debería pasar desapercibido, porque a pocos importa lo que opine Fernández (aunque estamos colaborando a matraquear el asunto), encontró a varios uruguayos desubicados que se prestaron a seguir la corriente del chismorreo enredador y lioso que llegaba de Buenos Aires.

Quizás porque estos participantes se ilusionaron pensando que era una manera de abrirse las puertas al mercado argentino.

Entre ellos, Raphael Dufort, señor que se autodefinió como productor, actor, director teatral y que tiene en su haber el music hall «Boom».

Según su parecer, Claudia, la chica mala, no sólo despotricó contra todo el país ­quizás olvidando el pobre papel que hace de suplente en «Bendita TV»­ sino que abandonó, al más fulero olvido, a Dufort a quien le debería toda su carrera, con muchos dólares invertidos en su apoyo. «Invertí muchos dólares en ella», recalcó.

Además precisó que Claudia sólo buscaba novios mafiosos.

Para peor, luego de una conversación mantenida entre Raphael y Claudia en un bar cerca de Tres Cruces, procurando una reconciliación, en la vereda se le apareció, desde un auto con vidrios polarizados, un enorme joven, «muy producido, una especie de ‘patovica'», dijo, que lo amenazó de muerte. Sí. Le dijo una sarta de insultos para que dejase a su novia, la Claudia, tranquila y no la molestase o le partiría el alma.

Hasta le habría apretado el pescuezo.

Encima, lo de las palabras asustantes.

Por todo eso, el uruguayo realizó una denuncia en la Seccional policial 4ª, cuestión que fue puesta en duda por los animadores argentinos que sostuvieron que en esa comisaría les habían dicho que no había ninguna denuncia, a lo que se producían vacíos de respuesta y cambios de dirección en los entrevistados uruguayos, como para negar si era verdad o no.

Por su lado Rafael Goncalvez procuraba destacar los agravios de Claudia hacia sus compañeras de trabajo en «Café versátil» a las que habría calificado de «grasas» y «cacatúas» con una sarta de «insultos gratuitos».

Deténgase un poco. No siente pena por todo esto. Pena o asco, ya ni sé.

El ánimo no mejoró cuando Jorge Rial, desde su «Intrusos» pareció burlarse de los comunicadores uruguayos, que en realidad aparecían acosados, timoratos o cómplices de nuestros vecinos de enfrente. El conductor argentino sostuvo que «los uruguayos que son muy cultos, muy serios, ahora estaban entrando en el mismo estilo que ellos» y se preguntó si estaríamos siendo contaminados por los argentinos, o sea si el conventillerismo de ellos no estaría produciendo la argentinización de nuestra televisión.

Lo espantoso de este intercambio de preguntas de argentinos y uruguayos está en la generalización del mal porteño. Pobre Claudia Fernández, muchacha que parece haber triunfado, quizás lo haya hecho, pero que merece el recuerdo de aquello que Enrique Cadícamo decía en «Pompas de jabón»: «Pensá, pobre pebeta, papa, papusa, // que tu belleza un día se esfumará,// y que como las flores que se marchitan// tus locas ilusiones se morirán. // El mishé que te mima con sus morlacos //el día menos pensado se aburrirá// y entonces como tantas flores de fango// irás por las calles a mendigar». A cuidar lo que se tiene, que suele no durar mucho.

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