Un clásico. LA REPUBLICA en el teatro Sao Pedro de Porto Alegre

Edipo, de Sófocles, eterno tesoro de sentidos, metáforas y claves

Tiene los temas del sentido del pasado, y aún el de su siempre posible reconstrucción, ya que Edipo tiene un pasado al comenzar su reinado y otro en Colono.

Hay otro tema, aún más peligroso y más actual, en momentos en que el hombre se acerca a tomar en sus manos su evolución: el de los límites y peligros del conocimiento, ya que Edipo, cuyo ingenio derrota a la Esfinge, es destruido por la misma investigación a la que dedica sus mejores esfuerzos; y si podemos compartir la idea de Carl Sagan de que el fin del hombre es el conocimiento, Rousseau ve al conocimiento y a la ciencia como dos peligros de los que deberíamos apartarnos y Bertrand Russell, que pudo compartir la idea de Sagan, señala el carácter subversivo, asocial, casi inhumano, del pensamiento. Está presente, como lo indica Luciano en el programa, el choque entre el mundo arcaico de los dioses con la filosofía racionalista que domina a Grecia en el siglo V A.C. Edipo plantea el tema de la identidad personal, el del descubrimiento de uno mismo, la respuesta a la interrogante de quién soy, quiénes somos, pregunta que comienza a hacerse Edipo hacia la mitad de la obra. Robert Graves ve en Edipo un invasor que intentó destruir la transmisión matrilineal del poder, vigente en Tebas, por la trasmisión patrilineal vigente en Corinto; su esposa Jocasta, una sacerdotisa de Hera, se habría suicidado como protesta. Edipo forma parte de una larga serie de niños abandonados o nacidos en circunstancias difíciles, que son o devienen reyes: Moisés, Rómulo, Jesús, Ciro. Aún podríamos ver, en un acercamiento frívolo, a Edipo como el precursor de la novela policial, con la investigación científica del crimen; paradojalmente el detective, cuando resuelve todos los enigmas, encuentra al criminal en su persona.

Entendemos que Luciano Alabarse ha mostrado aún otra vertiente, la del casi intolerable peso del azar en nuestros destinos. Todos los acontecimientos tienen su causa, parece existir un orden, sobre todo un orden accesible a la ciencia histórica del hombre; pero sobrevienen los aerolitos, los sucesos capaces de cambiar en un instante el curso de la historia. Lichtemberg formuló, mitad en broma y mitad en serio, la pregunta que deberíamos meditar seriamente, «¿Qué cosas provienen de las causas y cuáles provienen del azar?» Edipo es la víctima de dioses irracionales, diríamos de demonios; y la aparición en la banda sonora de canciones misteriosas de los Rolling Stones parece destacar este aspecto.

Si un clásico nos ofrece hasta hoy semejante banquete de significados, debe ser arrancado de los museos y de los ámbitos, muy valiosos como guía, de la erudición y plantado en medio de nuestras plazas; pero no necesita ninguna «modernización» para entregarnos su mensaje. Luciano Alabarse ha introducido algunas modificaciones. La primera es la unión de dos piezas en una, «Edipo rey», que se ofrece íntegra y «Edipo en Colono», de la que se dan unas escenas, que abren y cierran el espectáculo, superposición propiciada por la costumbre ateniense de dar varias tragedias, sucesivamente, en la misma función de teatro; es harto probable que se diera «Edipo en Colono» inmediatamente después de «Edipo rey».

Todas las puestas en escena del teatro clásico de Luciano han seguido una línea ascendente: si «Antígona» brillaba en todos sus complejos aspectos y «Medea» fue una inolvidable tragedia, en «Edipo» como en ninguna otra, el director navegó más cerca de la perfección. Todo fue estudiado, analizado, desmenuzado y luego recompuesto en armonía con el todo. El texto, que nos llega en un lenguaje claro y directo que ni remeda una atmósfera clásica ni desciende al coloquialismo; la escenografía, de esa gran artista plástica que es Sylvia Moreira, el sobrio y elegante vestuario de Rô Cortinas, quien obtuviera el último premio Açoriano por el vestuario de «Medea», la música, que acompaña, subraya y dice, siempre según las necesidades de la escena, la iluminación, perfecta y artística, de Claudia de Bem.

Luciano contó nuevamente con un equipo de grandes actores. Todos ellos, en número de veinte, desempeñaron sus partes de la mejor manera posible; pero algunos fueron un poco más allá en el sendero de la perfección. Uno de ellos fue, como Edipo rey, Marcelo Adams, a quien nuestro público pudo ver como Laertes en el «Hamlet» que dirigió Luciano en nuestro teatro Solís y que interpretara también, en Porto Alegre, «O homem e a Mancha» de Caio Fernando Abreu. Su interpretación, que exige un gran esfuerzo aunque más no fuera porque Edipo casi no deja de estar en escena, fue siempre adecuada a los muy diversos momentos y estados de ánimo del desdichado rey, con un momento estremecedor en que pasó por el Sao Pedro una ráfaga de gran teatro cuando expresó, sin decir una palabra, que comprendía, por fin, la terrible verdad que lo enfrenta con su caída y su fin. Nos resultó una grata revelación Marcos Contreras, como Creonte, con gran presencia escénica, buena voz y adecuada mímica y nos hizo felices la brillante actuación de nuestro conocido Lutti Pereira, en su intensa interpretación de Tiresias.

EDIPO, de Sófocles, adaptación y versión de Luciano Alabarse, con Marcelo Adams, Carlos Cunha filho, Ida Celina, José Baldiserra, Mauro Soares, Tutti Pereira, Marcos Contreras, Alexandre Magalhaes e Silva, Vika Schabbach, Elisa Viali, Rafael Mentges, Thales de Oliveira, Fernando Zugno, Fabricio Gorziza, Daniel Bacchieri, Tito Ravaglia, Eduardo Steinmetz, Lê Souza, Izadora Schabbach y Julia D’Avila de Souza. Escenografia de Sylvia Moreira, vestuario de Rô Cortinas, iluminación de Claudia de Bem, banda sonora de Luciano Alabarse y Moisés Lopes, producción y dirección de Luciano Alabarse. Estreno del 31 de mayo, teatro Sao Pedro, Porto Alegre.

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