
En momentos en que los espacios humorísticos prácticamente brillan por su ausencia dentro de las coordenadas locales (sobre todo en los medios de comunicación) no estaría mal preguntarse qué ha pasado (y está pasando) con las oportunidades para reírse.
Por suerte, este carismático artista retorna a las tablas uruguayas para pintar una sonrisa en la cara de todos nosotros.
Carlos Héctor Perciavalle, autodenominado el Rey del Café Concert, (68 añitos) es el segundo de seis hermanos de una familia clase media en la que ser actor resultaba un componente atípico donde generalmente había abogados (a pesar que su padre era violinista).
Estudió en la escuela pública, fue compañero de Lacalle en el Liceo francés e ingresó al teatro independiente desde temprana edad, por el año 1956. Vivió casi toda su vida en Punta del Este (más precisamente en el chalé “Tacuarita” de la Parada
y cuando sus padres se mudaron a Buenos Aires, accedió al Conservatorio de Arte Dramático por el año 1961.
En este contexto conoció a Antonio Gasalla y consiguió su primer “bolo” en la película “La cigarra no es un bicho” en la que, por pudor, se cambió el nombre al de Héctor Perciavalle (y así sale en los créditos del filme). Luego se armó de valor y voló a Estados Unidos para entrar al “Actor’s Studio” de Lee Strasberg y estudiar junto a Dustin Hoffmann, John Voight y Robert Duvall, entre otros.
Volvió a la Argentina por el año 1965 y, tiempo después inauguró el Café Concert en Buenos Aires junto a Gasalla y Edda Díaz en un espectáculo titulado “Help, Valentino”.
A partir de aquí, la historia ya es más conocida. Una serie ininterrumpida de sucesos desde “La mujer del año”, “Kesakeyo”, “Cabaret”, “Canciones para mirar” “La jaula de las locas”, “Noche de reyes” hasta “Yo, Carlos” o encabezando el elenco revisteril de Gerardo Sofovich “Corrientes esquina glamour” cuando estaba cumpliendo cincuenta años en la profesión artística. (Un cronograma que incluyó trabajar con Tato Bores, temporadas en el Maipo, filmar otras películas como “Clínica con música”, “Un viaje de locos”, “Buenos Aires plateada” y hacer de actor de reparto en “La tregua”, además de debutar en televisión junto a Niní Marshall a fines de la década del 70 con “Y se nos fue redepente”).
Sus célebres “monólogos telefónicos” se han convertido en un clásico del espectáculo y, hace poco, se dio el lujo de agotar entradas junto a China Zorrilla en “El diario de Adán y Eva” mientras participaba de taquito en “Cantando por un sueño”.
Cabe recordar que, por el año 1990 Perciavalle tuvo un accidente automovilístico del que se salvó milagrosamente para disfrutar la vida todavía con más energía (y de paso, dejar de lado el típico desenfreno de sexo, drogas y rock and roll).
Últimamente ha señalado la idea de hacer una especie de mega-exposición con todo el vestuario de su carrera de los cuales casi tres mil fueron realizados por Guma Zorrilla que conserva en su residencia de Laguna del Sauce.
Taurino, es serpiente en el horóscopo chino, se define “monárquico” y seguidor de las profecías de Nostradamus (quien pronostica la debacle para el año 2012).
Hoy presentará “El show de Perciavalle” con entradas agotadas en el Teatro Movie Center.
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