Luces musicales en la Bahía
Fantasía en la Fortaleza, dirigida por Federico García Vigil, incluyó temas populares y clásicos ligeros: temas de Superman, de West Side Story de Leonard Bernstein, Malambo de Ginastera y las oberturas de Guillermo Tell de Rossini, de Así hablaba Zarathustra de Ricardo Strauss, y de 1812 de Chaikovsky.
A pesar del viento, la gente colmó el espacio en la cima del Cerro, frente a la Fortaleza, donde estaba la orquesta. Pero el espectáculo también fue seguido por muchos que se ubicaron, mate en mano, en la Rambla Baltasar Brum, que había sido cerrada al tránsito desde Capurro a Tajes.
El espectáculo no se limitaba a ver una orquesta tocando temas ligeros. La idea era que la Bahía entera cobraba vida.
El velero Capitán Miranda y otros barcos encendieron lentamente sus luces de colores, que fueron duplicadas por el espejo de aguas. Globos de colores iluminados, focos antiaéreos, salvas de cañón, bengalas, fuegos artificiales, luces láser desde varios puntos clave y las campanas de 30 iglesias acompañaron a la orquesta, con un punto culminante en una versión grandiosa de 1812 que a Chaikovski hubiera inflamado de ardor patriótico.
Pese a todo el despliegue, sin embargo, la Bahía sigue siendo muy grande.
La Filarmónica pretende entrar en el corazón de los montevideanos y estos megaeventos contribuyen a que sea querida incluso por quienes no frecuentan los conciertos del cine Plaza, donde se muestra como la más aceptable orquesta nacional estable.
El año pasado la despedida del año de la Filarmónica fue el Requiem de Mozart en «las ruinas» del teatro Solís. Un espectáculo refinado, pero caro y para público limitado. Este año, medio Montevideo estuvo involucrado. Si las condiciones acústicas no fueron las más exigentes –eso pasa los lunes de temporada–, lo que importaba era la fiesta.
Compartí tu opinión con toda la comunidad