Historia real. Película con un padre que busca a su hijo desaparecido tras regresar de Irak

La conspiración, un filme basado  en la solidez de sus protagonistas

«La conspiración» se basa en la historia real de un soldado estadounidense que combatió en la aventura republicana en Irak, y sin mucha explicación, desapareció sin dejar rastro alguno.

Su padre, también veterano, pero de otras guerras, decide investigar el asunto llegando a cuestionar su propia carrera militar.

La película es dirigida por Paul Haggis, el mismo que se llevara el Oscar por Vidas Cruzadas y que ayudara en el guión de la notable «Cartas desde Iwo Jima», del maestro Clint Eastwood.

El director no toca sangre, pero si se atreve a preguntase por qué la guerra deshumaniza a sus protagonistas.

Haggis ha sido un director afortunado, ganó el Oscar con una película meritoria pero nada más («Vidas cruzadas»), pero ha logrado demostrar talento y habilidad para adaptar novelas y guiones que se transforman en filmes variados y algunos de ellos de calidad. Desde la joya que es «Cartas desde Iwo Jima», que lleva la firma de Clint Eastwood (quizá el último director clásico de Hollywood), hasta productos de dudoso buen gusto como «Casino Royale».

En «La conspiración» vuelve a sentarse en la silla del director y culmina una película parcialmente sustentada en la solidez de sus protagonistas, envolviendo, vistiendo una historia real que hace a la vida de estos días. Aquí, Hank (Tommy Lee Jones, que siempre llena la pantalla, haciendo lo que sea y nominado al Oscar por este trabajo), un ex veterano de anteriores guerras protagonizadas en nombre de la bandera de las barras rojas y las cincuenta estrellas, se pone a buscar a Mike (Johnattan Tucker) ­su hijo, que anda disparando el rifle en nombre de la libertad en Irak­ pero que desapareció misteriosamente de su base. Con la ayuda de una experiente detective (Charlize Theron) y de su mujer (la siempre eficaz Susan Sarandon) se larga a investigar lo ocurrido, en un camino tortuoso que le hará cuestionar varias cosas, entre otras su propio patriotismo y su carrera militar. Es cierto, bajo la superficie de esta película existe una intención de mostrar lo que ocurre con las cabezas de los soldados y los traumas que genera la guerra, pero, algo le falta, algo que le dé mayor forma. No se trata de un gran drama, no es una película de investigación, no se juega a convertirse en un producto de género y ahí es donde queda maltrecha. Se trata de una buena idea, ambiciosa, como le ocurrió al director con «Vidas cruzadas», donde el asunto le quedó grande. Aquí el problema se profundiza con una notoria diferencia actoral. Lee Jones está muy bien, sólido, pero es un papel ya repetido y para colmo, muy parecido al que hizo en «Sin lugar para los débiles», de los hermanos Coen. El otro inconveniente es Theron, buena actriz sin duda, pero demasiado glamorosa es esta rubia como para que se le pueda creer del todo un papel tan cercano al de una persona común.

Hay un intento de moralizar el asunto, pero igual que en su anterior película, más allá de la oscuridad y el pesimismo que se deja ver y que sería el reflejo del mundo modelo 2008, existe al final una luz, un optimismo un poco ramplón y traído de los pelos.

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