Lo que se vio
Como siempre, el aluvión estuvo marcado por el 18º Festival Cinematográfico Internacional de Cinemateca. Casi un centenar de filmes aterrizaron en las pantallas de la Institución para satisfacer las legítimas expectativas de asociados y público en general a la hora de acceder a un cine alternativo. Sin embargo, en esta ocasión quizás podría achacarse una apuesta a lo cuantitativo porque, luego de un repaso a lo proyectado, apenas una docena de filmes lograron llegar a niveles de calidad atendibles. En esta escueta lista podría figurar –por ejemplo– Mundo grúa, del argentino Pablo Trapero, un sensible trabajo manejado casi a rigor documental sobre la rutinaria vida de un personaje antiheróico, tan próximo como reconocible y entrañable. Esa misma lista podría incluir a Muertos de risa del español Alex de la Iglesia; Pi, de Darren Aronofsky, que luego pasara a ser uno de los estrenos de Cinemateca 18 al igual que Nenette y Boni de Claire Denis, Todo comienza hoy de Bertrand Tavernier y otros títulos que se desmarcaron holgadamente del resto. En este balance sintético nos atreveríamos a intercalar El amor es el diablo de John Maybury, Garage Olimpo de Marco Bechis, Muerte de un matemático italiano de Mario Martone y –desde luego– a la selección nipona integrada por Flores de fuego y kids return de Takeshi Kitano junto a Dr. Akagi de Shohei Imamura. Por último, En memoria de un payaso de Ingmar Bergman y Gato negro, gato blanco de Emir Kusturica también constituyeron dos auténticos platos fuertes del encuentro cinematográfico.
De Macedonia a Suecia
Es probable que el denominado «Festival de invierno» de Cinemateca haya resultado de otra contundencia y precisión a la hora de filtrar largometrajes. En esta oportunidad la selección manejó rigores más específicos para ofrecer títulos de la categoría de Como barril de pólvora, una producción franco-greco-turco-macedónica de Goran Paskaljevic que bien puede subrayarse como una de las mejores exhibiciones del año. Aquí también se proyectó Ahora o nunca de Gabriele Muccino, otra gran obra para el recuerdo junto con la desacomodadora Silvia Prieto del argentino Martín Rejtman; El padre del iraní Majid Majidi y un ineludible autorretrato fílmico de Jean Luc Godard en Godard por Godard.
Por su parte, el Tercer Festival de «Europa, un cine de punta» logró anticipar el ya mencionado largometraje Como barril de pólvora de Pascaljevic a la vez que introdujo otros títulos singulares a la manera de Aimeé y Jaguar de Max Färberböck, lograba una especie de preestreno de La chica en el puente, (que incluyó la presencia del destacado cineasta francés Patrice Leconte) y otros atendibles «adelantos» como El tiempo recobrado de Raoul Ruiz, Por amor de Jerome Krabbe y La cena de Ettore Scola en donde aparecía, por última vez para la pantalla grande, el inmortal Vittorio Gassman.
Lamentablemente, la interesante producción Bajo el sol del sueco Colin Nutley, (que obtuviera una nominación al Oscar como Mejor Película Extranjera) no logró distribución comercial luego de su pasaje por el festival esteño al igual que La nodriza de Marco Bellocchio. Tampoco Goya en Burdeos ha logrado un estreno capitalino aunque es de suponer que esta obra «culta y comercial» realizada por el españolísimo Carlos Saura no se haga esperar demasiado a pesar que no satisfaga todas las expectativas de calidad que la crítica especializada hubiese deseado.
Mientras tanto, el Festival del Mercocine logró otros aciertos como la inclusión anticipada de Buena Vista Social Club de Wenders y un actualizado paneo de otras producciones a tener en cuenta como las mexicanas Santitos de Alejandro Springali y Sangre, pudor y lágrimas de Antonio Serrano (que luego, en su estreno comercial, pasó sin mayor pena ni gloria a pesar de poseer todos los condimentos para una respuesta popular de alto impacto). No estaría de más subrayar la atendible producción El mismo amor, la misma lluvia del promocionado cineasta argentino Juan José Campanella que mostró a un sorpresivo Ricardo Darín haciendo honor a su condición de actor profesional. El Festival mercosureño también anticipó el estreno de Garage Olimpo de Bechis que, en honor a la verdad, se tornó en una apertura festivalera difícil de «disfrutar» a raíz del crudo contenido de la mencionada obra cinematográfica. Otros títulos de la vecina orilla (como Río escondido de Mercedes García Guevara o Borges, los libros y las noches de Tristán Bauer), no lograron mayor adhesión y –prácticamente– hicieron mutis por el foro al igual que buena parte de los títulos presentados en dicha ocasión.
Kiarostami, Angelopoulus, Jarmusch y Loach: un festín cinéfilo
En otro orden de cosas, el 2º Festival de la Crítica Cinematográfica también reunió, por vez primera, filmes de la estatura de El camino del samurai de Jim Jarmusch (otro título para una lista de honor) junto con La eternidad y un día de Theo Angelopoulos (uno de los cinco mejores filmes del año según la votación de la Asociación de Críticos). En esta lista de calidades fílmicas, también merece figurar la monumental Magnolia de Paul Thomas Anderson (otra de las mejores) y Mi nombre es Joe de Ken Loach (que aquí fuera estrenada como Mi nombre es todo lo que tengo). Por último cabe subrayar muy especialmente a El viento nos llevará de Abbas Kiarostami, producción mayúscula cuya exhibición posterior aún no ha logrado integrarse a la cartelera nacional.
Además del festival en Punta del Este, el cine europeo también tuvo dos bocas de salida en España y Francia 2 y España, Francia e Italia: el cine del tercer milenio donde títulos de la magnitud de ¿Qué es la vida? de François Dupeyron, la impresionante Maladie de Sachs de Michel Deville (Concha de Oro a la Mejor Película en el Festival de San Sebastián); Una relación pornográfica de Fréderic Fonteyne y la entrañable Solas del español Benito Zambrano marcaron un ritual de excelencias fuera de lo común. Una segunda entrega permitió que el público uruguayo tomara contacto con Al ataque de Robert Guédiguian (un infrecuente director galo que sabe lo que dice y sabe cómo decirlo) junto a El árbol de las peras de Francesca Archibugui y La lengua de las mariposas de José Luis Cuerda. Para reconciliarse con la pantalla grande.
En último término, la Semana de Cine Radical concretó el adelanto de Amores perros del mexicano Alejandro González Iñárritu mientras volvía a ofrecer la oportunidad de disfrutar de Mundo grúa del argentino Pablo Trapero. En este mismo encuentro también apareció la insólita Fuckland, filme argentino de José Luis Marqués supuestamente filmado de contrabando en las Islas Malvinas y 76 89 03 otra realización de la vecina orilla dirigida por Flavio Nardini y Cristian Bernard. La propuesta logró una exhibición alternativa de títulos como Felicidad del joven director Todd Solondz (el mismo de Welcome to the Dollhouse) y Felices juntos de Wong Kar Wai otro realizador de culto poco conocido por estas latitudes. En resumen, todos los festivales impresionaron a modo de avalancha cinematográfica como para ponerse al día con lo mejor del cine contemporáneo. Más allá de excesos y propuestas desparejas, la experiencia integral merece una reiteración constante. Que se repit
a en el siglo que viene. Amén.
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