6º Día: los efectos de la clonación

El nuevo filme protagonizado por Arnold Schwarzenegger, El Sexto Día se interna en un futuro que ya llegó para indagar los efectos de la clonación. Dirigida por Roger Spottiwoode, cae en un relato pretendidamente entretenido. Los villanos que componen Tony Goldwyn y Robert Duvall superan el resto.

Con un Schwarzenegger parecería suficiente, y en muchos casos sus filmes han sido más que solventes y algunos hasta marcaron una época como la saga de Terminator o El vengador del futuro, esta última de excelente resolución y apoyada en un formidable texto de Philip K. Dick.

Desde luego que Roger Spottiwoode utiliza muchos de los trucos de El vengador del futuro, sobre todo en la superficie de los solventísimos efectos visuales que condecoran a su historia y los parlamentos mordaces de Arnold a tanto villano luego de rompérseles la crisma, oh señor, pero en definitiva El Sexto Día no logra elevarse de un entertainment con aciertos parciales en el relato.

Todo el asunto se adentra en el tópico de la clonación. De hecho la clínica que dirigen el Dr. Weir (un siempre digno Robert Duvall, pero qué manera de desaprovecharlo y desaprovecharse) y un impecable Drucker (un casi irreconocible por su look, pero muy meritorio Tony Goldwyn que imagina en su flanco alterado su inmortalidad) practican e invitan a la clonación de animales, pero secretamente transgreden la «ley del sexto día» (por el día en que Dios creó al hombre en el Génesis de la Biblia) que prohibe severamente la clonación de humanos: en un embalaje megalomaníaco muy palpable y fuera de curso lo hacen, y por cierto que no faltarán clones-sicarios (correcta performance de Michael Rooker y sus secuaces) que asesinarán sin ningún empacho a quienes conozcan detalles del delicado tema.

Adam Gibson (Arnold), un ciudadano normal y héroe de guerra en ese «futuro cercano», será el encargado de, por salvar a su familia, desbaratará con sus habilidades físicas, obviamente, los planes siniestros de Drucker y un redimido Doctor Weir. Oh, la humanidad otra vez estará a salvo.

Lo cierto que el Sexto Día presenta a dos Schwarzenegger, uno real y otro clonado, que batallarán contra los enemigos del mundo y como, en la mayoría de este tipo de historias, serán los villanos los que luzcan como personajes más atractivos. Arnold copia a Arnold, que son dos en la pantalla y todo ya parece una circularidad borgeana aunque no lo haya planeado ni por asomo Spottiwoode y sus torpes guionistas, cuyo propósito parece ser nada más ni nada menos que un tibio alegato contra la clonación (y de paso un poco de adrenalina en las situaciones de tensión), aunque el final abierto (con los dos Arnold y toda la estridencia del ‘happy end’) deja entrever que todo el aparente sentido crítico del principio del metraje se va por la borda, después que los malos de la historia pasan a mejor historia y estos gemelos hablan de la familia y de la búsqueda de sí mismo (?) que emprenderá el Arnold clon, como para sugerir que puede llegar a existir una segunda parte.

El filme tenía todas las posibilidades como para reflexionar largamente sobre un tópico realmente trascendental como la clonación y la ética científica, pero Arnold se interpone a todo después de conocer que lo han clonado y que mataron a su mejor amigo y socio (Michael Rapaport, correcto) está en foco prácticamente todo el tiempo y, en esta oportunidad multiplicado lo que ya es suficiente en términos de tolerancia. Todo se resume a balaceras, persecusiones y muertes, un guión plagado de flaquezas y en consecuencia los efectos especiales –la digitalización trabaja asombrosamente en términos de montaje, por ejemplo– por su alta eficacia terminan devorándose a los personajes.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje