"El libro electrónico no le quitó mercado al libro tradicional"
Respecto al panorama actual de la novela histórica en nuestro país, la escritora opinó que «hay un nuevo boom de la novela histórica.
La gente está comprando y leyendo esencialmente novela historia. Nuestros libros de oro, prácticamente de la última década son todas novelas históricas. Está Mario Delgado Aparaín con sus novelas históricas, que tiene tres libros de oro, y después vengo yo que tengo seis libros de oro. Fijate tu que en el 2002 cuando el fenómeno Harry Potter yo llegué a ganarle con una novela histórica: El alquimista de la rambla Wilson. O sea que los uruguayos seguimos comprando a escritores uruguayos y que hablan sobre Uruguay».
Pero en la historia de la literatura uruguaya hay un bache grande.
Hace dos años Antonio Dolano, un prestigiosísimo académico y escritor español me presentó un libro en España («Cuando sopla el Hamsin»), y casi me muero de vergüenza porque entre las cosas que dijo fue que la novela histórica de habla hispana la había inventado Eduardo Acevedo Díaz con «El Combate de la tapera». Ni bien llegué a Uruguay me puse a devorar sus libros porque realmente lo tenemos tan olvidados a Acevedo Díaz, y de eso se trató la ponencia mía en el Congreso de la Lengua de Cartagena de Indias. Empezaba por Acevedo Díaz y «El combate de la tapera», «Brenda», «Ismael». Pero en los últimos ocho o nueve años la novela histórica viene viento en popa.
¿Dónde establecerías esa inflexión hacia la novela histórica?
Creo que Tomás de Mattos empezó marcando claramente en su obra lo que es la novela histórica, pero definitivamente lo marcaría en el año 2000. Fíjate, salió mi libro «Una mujer inconveniente», el libro más vendido del año 2000. También salió «Mujeres uruguayas», que era un conjunto de narradoras, todas históricas; y salió del profesor Atchugar la historia de Blanca Luz Bum. Creo que el año 2000 esos libros hicieron punta.
¿Cómo se explica eso?
Creo que hay varias cosas. Primero porque es tan vertiginoso el mundo y cada vez tenemos menos tiempo entonces además de solazarnos y entretenernos con lo que leemos queremos aprender. Pero además hay otro tema que para mi es clave: mis hijas ya no tuvieron abuelas que contaban anécdotas, porque estaban ocupadas trabajando. Estamos queriendo sustituir un poco aquella memoria colectiva que se pasaba de generación en generación, de reunirse en torno a la hoguera, con una taza de chocolate, donde los abuelos o los bisabuelos contaran historias. Eso desde la década del 50 ya desapareció, y creo que eso es muy importante porque sigo insistiendo que las sociedades que no saben de donde vienen muy dificilmente puedan aseverar hacia donde van. Esas dos cosas.
¿Tiene vigencia el libro?
Sí. Sabés que no ha bajado la venta de libros, al contrario ha subido. Es más, yo parcitipé en un Congreso en Colombia en el cual la temática era literatura versus informatización. Yo era del grupo de los más jóvenes, porque en literatura los que somos medianos somos jovencísimos, es una profesión muy envejecida. Hasta hace poco el joven dramaturgo era (Mauricio) Rosencof, que puede ser mi padre. Pero los más jóvenes estábamos de acuerdo con la informatización.
Siempre termino preguntando si tú tenés que elegir un libro para irte a una isla desierta qué elegirías uno electrónico o un libro que lo pudieras tocar y abrazar.
¿Pero el libro electrónico no le han quitado mercado al libro tradicional?
Sabés que no. Justamente escuché una conferencia de editores la última vez que estuve en España, y si bien por supuesto que hubo al inicio de la década de los 90 un bajón en las ventas te estoy hablando de habla hispana- luego se fue recuperando. La gente lee fantásticamente.
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