EL MUNDO DE MAXIMO GORKI

El mundo que pinta Gorki se completa con las criadas, inertes guardianas del orden establecido, que nada aprendieron y que viven como si no hubiera más vida posible que la servidumbre; y con los obreros, unos brutos irredimibles que aún reproducen en su ámbito doméstico la explotación, y aún golpean a sus esclavizadas mujeres en virtud de lo que creen un derecho natural.

Para mejorar la comunicación, la dramaturgia, también a cargo de Szuchmacher, emplea un habla rioplatense directa y reconocible, con acentos que llegan, no por casualidad, de las piezas de Sánchez. En un escenario donde no hay más escenografía que un fondo con unos hilos colgantes, por donde entran y salen los personajes, fueron los mismos actores los que, a toda velocidad, reacomodaron el mobiliario al fin de cada acto; y casi diríamos que no se necesitaban los muebles, porque el texto, inteligente y cortante, es mucho más acción que palabra.

Rubén Szuchmacher ha logrado demostrar su teorema, y bajo su dirección la cantidad se transforma en calidad.

Con un trabajo muy concienzudo sobre la actuación, el director unificó estilos que provienen de distintas escuelas, e hizo aparecer a la sociedad como personaje, una sociedad muy parecida a la que vivimos.

«Hijos del sol» es una luminosa realización, que esperamos abra un nuevo camino. Hoy, por lo menos, da para hablar y para reflexionar.

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