La Comedia Nacional en El descenso del Monte Morgan, de Arthur Miller
Este es el título de una de sus obras; y así como todas las obras de Flaubert podrían titularse «La educación sentimental», tratándose de Miller »Muerte de un viajante», «Panorama desde el puente» y aún, hasta literalmente, «Todos eran mis hijos» a más de una cuadraría el título genérico.
El que, antes de comenzar la obra, cae por la ladera del Monte Morgan, al intentar con su Porsche un descenso temerario en medio de una tormenta de nieve, es Lyman Felt, un ejecutivo que no puede decir «no» a nada que se le cruce por la cabeza. Despierta en la cama de un hospital, tras varias operaciones, rotos algunos huesos; la enfermera Logan (Cristina Machado) le anuncia la llegada de su esposa… pero este singular resulta plural.
En el curso de su vida Lyman se casó, hace treinta años, con Theodora (Isabel Legarra) con quien tuvo una hija, Bessie (Carla Grabino) que también acude al lecho del accidentado. Pero también llega Leah (Claudia Rossi), más joven que Theo, la segunda desde hace nueve años. Pero todo se soluciona y Lyman se sale con la suya.
Como observa agudamente el director Alfredo Goldstein en el programa «Algo de Loman» («Muerte de un viajante») «queda en Lyman. Algo de su mente se espeja en este otro hombre de varias décadas después».
Pero Lyman se lleva la mejor parte. Como Rhodes, el banquero quebrado y fraudulento de la «Antología de Spoon River», Lyman seguirá «…compacto, armonizado/hasta el fin».
Vaz Ferreira observó, no sin una gota de amargura, que el remordimiento es algo que sólo sienten las personas honradas. Willy Loman trabajó por una ilusión, un reconocimiento social, un lugar en el mundo y no más; en el fondo era un idealista, casi diríamos un lírico; Lyman (Pepe Vázquez, muy convincente como el frívolo y desprejuiciado bígamo) es un codicioso, hambriento de sexo y de dinero. Esto, sugiere Miller entre líneas, es un mérito que casi asegura la dicha en la sociedad capitalista en que vivimos.
La pieza muestra el talento de Miller, su destreza para definir rápidamente personajes con sus propias palabras; si relacionamos, como es inevitable, esta pieza con «Muerte de un viajante» parece una contrarréplica en tono de comedia; como en toda buena comedia, un par de ideas sobreviven al desenlace e impulsan a pensar.
Es posible reflejar una pieza en la otra, y un efecto irónico, de simetría de largo alcance, parece haber intentado y logrado el autor.
Ambas esposas (Isabel Legarra, Claudia Rossi) que comparten y muy poco disputan el amor de Lyman, están muy bien interpretadas. Goldstein, en la dirección, dio las claves de la obra sin sobrescribirla, dio interés, ritmo y buen movimiento de actores en el escenario. «El descenso del Monte Morgan» está viva en la escena, y no podía hacerse mejor.
EL DESCENSO DEL MONTE MORGAN, de Arthur Miller, por la Comedia Nacional, con Pepe Vázquez, Claudia Rossi, Isabel Legarra, Duillo Borch, Cristina Machado, Carla Grabino. Escenografía de Hugo Millán, vestuario de Laura Lockhart, música de Fernando Ulivi, luces de Pablo Caballero, dirección de Alfredo Goldstein. En el teatro Solís.
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