Jannis Kounellis: riqueza del arte pobre
Nelson Di Maggio
El teatro pobre del polaco Grotowsky fundó una nueva concepción estética que influyó en el arte pobre italiano. Coincidió, aunque sin ninguna relación y con preocupaciones diferentes, con la cultura de la pobreza enunciada por el antropólogo Oscar Lewis para los países tercermundistas. Una mirada retrospectiva (falta todavía) sobre ese período potenciaría una situación que, sin duda, constituyó el origen de la creación actual.
El nombre de arte povera (pobre) fue impuesto por el crítico italiano Germano Celant a partir del catálogo de una exposición celebrada en el Museo Cívico de Milán en 1971, que implicó, según un historiador, «una activación de los materiales elegidos en oposición a su pasividad, subraya el poder energético, la potencialidad transformadora de los materiales». Renunciando a la recomposición de los objetos o de las imágenes, el arte povera se parece a un montón de desperdicios (elementos minerales, animales, vegetales), en una reacción contra el mundo tecnológico y el consumismo y a favor de una estética del desperdicio. Las instalaciones, con la construcción invertebrada y obediente al principio de la transitoriedad (se puede ver por breve tiempo y luego desaparece). Un arte efímero, transitorio, hecho de elementos orgánicos perecederos integrados de acuerdo a nuevos conceptos compositivos donde el aparente desorden es el nuevo orden. Desde el futurismo de principios del siglo XX, no hubo otro movimiento tan significativo en el arte peninsular.
Esa generación de jóvenes artistas que utilizaban piedra, tierra, agua.vidrio, metal, legumbres, incluso animales vivos, acompañó la desconfianza hacia los mitos de la modernidad y las explicaciones totalizadoras. Fue el «descubrimiento de la tautología estética, en el decir de Celant: el mar es agua, un cuarto es un centímetro de aire, el algodón es algodón, el mundo es un imperceptible ensamble de naciones, un ángulo es la convergencia de tres coordenadas, el piso es una porción de baldosas y la vida una serie de acciones». Apelaron al olfato y al tacto como elementos perceptivos y el espectador se incorporó a la obra. Fue una brillante constelación de nombres que aparecieron juntos y después alcanzaría un renombre internacional muy perfilado: Giovanni Anselmo, Alighiero Boetti, Pier Paolo Calzolari, Luciano Fabro,Mario Merz, Pino Pascali, Michelangelo Pistoletto, Gilberto Zorio, Giulio Paolini, Marisa Merz y Jannis Kounellis. Todos famosos en la actualidad.
Jannis Kounellis, de origen griego, nacido en 1936 pero viviendo en Italia desde 1956, empezó haciendo grandes superficies blancas pobladas de flechas, números y letras como elementos de una original alfabeto. Pasó a ejecutar obras que se apoderaban del espacio y sustituyó la tela por el hierro. Desde 1967, fecha de su primera instalación, apeló a la colaboración del público y el artista se convierte en «un guía para la conciencia», abriendo las compuertas del arte contemporáneo a los mitos ancestrales. En la exposición, que estuvo hasta hace poco en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, hay vigas de acero, piedras. tierra, bolsas de carbón, madera, pájaros, objetos y materiales diversos que interactúan con enérgico dinamismo. El propio Kounellis se encargará del montaje y sus obras se adecuan a las condiciones específicas del lugar y el entorno social que la alberga. Otra experiencia significativa en la principal pinacoteca del país, que como la del arquitecto Santiago Calatrava, marcará un hito en el conocimiento del arte contemporáneo. Se exhibirá también un excelente video sobre su obra y allí se podrá ver su instalación de 12 caballos vivos convirtiendo la galería en un establo.
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