Filme del uruguayo Rodrigo Pla elogiado en Festival de Cannes
El uruguayo Rodrigo Pla llegó a Cannes precedido por el éxito internacional de crítica y taquilla de «La zona», filmada después y terminada antes que «Desierto adentro», película que arrasó en el pasado Festival de Guadalajara. «Desierto adentro», una dolorosa y compleja saga familiar que arranca en los años 20/30 cuando la revolución ataca iglesias, curas…, penitencia sin fin entre la religiosidad y las supersticiones, tiene mucha envergadura para ser una ópera prima, sólida y clásica de construcción, buen nivel de interpretación, dividida en capítulos y con incisos en forma de animación. «Es una película bien compleja, porque en realidad partimos de algo abstracto, de la vida del filósofo danés Soren Kierkegaard, y lo trasladamos a México», recordó Pla en conversación con la AFP.
En cambio, en «La zona» -agregó- «agarramos el vehículo de un género, el cine negro, y jugamos con ello». Después de vivir una experiencia compleja, con dos películas que se desarrollaban a la vez, coronadas ambas por el éxito, Rodrigo Pla ya está pensando en la tercera. «El próximo proyecto es un cuento de mi mujer (la también uruguaya Laura Santullo), que se llama «La espera» y es completamente distinto. «Una mujer de poco dinero, soltera, con tres hijos y padre enfermo, al que la hija abandona en un parque» -contó. Antes de «Desierto adentro», la Semana programó el corto franco-mexicano «Beyond the Mexique bay», de Jean-Marc Rousseau Ruiz, coproducido por Francisco Vargas, el director de «El violín», y por la francesa Séverine Roinssard, un viaje de un francés y una mexicana al desierto, con final trágico, filmado en San Luis Potosí. En una edición del Festival de Cannes dominada más bien por las cinematografías argentina y brasileña a nivel latinoamericano, la Semana presentó un número notable de películas mexicanas. «Lago Tahoe», de Fernando Eimbecke, fue programada como revelación del año según la crítica internacional (Fipresci). El Festival de Morelia aportó dos películas de su palmarés, el cortometraje «Peces plátano», de Natalia Beristain, y el documental «Mi vida dentro», de Lucía Gajá. Marina Stavenhagen, directora general de Imcine, destacó la importancia de la presencia de películas mexicanas en las distintas secciones del festival, como «Los bastardos», de Amat Escalante, en Una cierta Mirada o las antes mencionadas en la Semana de la Crítica. «La atención mediática este año está particularmente dirigida a una joven generación de realizadores, los Escalante, Pla, Eimbecke, los cortometrajistas…», afirmó. En suma, dijo, una generación de renovación que va llegando a Cannes después de los Guillermo Del Toro, Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón o Carlos Reygadas, «ahora que se avecinan tiempos difíciles por la situación misma del país». Marina Stavenhagen destaca la importancia de asentar el incentivo a la producción y recalca, como reto número uno, la necesidad de consolidar el cine mexicano ante su propio público (de 300 estrenos en 2007, 45 fueron mexicanos) y acotar la presencia avasalladora del cine norteamericano en México.
«El otro punto que urge abordar es involucrar a la televisión en la producción de cine, legislar esta implicación como sucede en otros países», agregó. «Aunque merece destacarse que sin la televisión se estén produciendo hasta setenta películas al año y cuarenta y cinco se estrenen», concluyó.
Madonna y los niños
La cantante norteamericana Madonna mencionó ayer jueves en Cannes los problemas de adopción de niños en Malaui, al presentar en Cannes a título privado, no en la selección del Festival, un documental sobre los huérfanos de ese país del sudeste de Africa.
«Estoy contenta de servir de cobaya», dijo Madonna, cuya autorización de adopción definitiva de un niño de tres años será objeto de una decisión de un tribunal malauí esta semana. «Ha sido una verdadera batalla, dolorosa, pero finalmente me digo que también una mujer que da a luz sufre enormemente», agregó. El documental «I am because we are», escrito y producido por la cantante, fue dirigido por Nathan Rissman, su ex jardinero y niñero.
El filme incluye testimonios del ex presidente norteamericano Bill Clinton y del obispo sudafricano Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz.
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