Psicología de los personajes
El dato psicológico no es tema menor. Con el correspondiente auge del octavo arte, muchos comenzaron a preocuparse por las posibles secuelas, mensajes y/o «lecturas» que podían extraerse de las viñetas.
No debía existir justificación con respecto a la ley del Talión a modo de ejemplo o para con la justicia por mano propia (algo que Batman acostumbraba a hacer desde un principio).
Sin embargo, algunas cosas se colaron entre bambalinas, generando suspicacias malintencionadas como la posible relación homosexual de Bruno Díaz y Ricardio Tapia (el mencionado justiciero de la máscara y el joven Robin).
Tal era la preocupación del caso que la Empresa D.C. contrató al psicólogo William Moulton Marston, en la década del 40, como asesor técnico. Debido a él, nació la Mujer Maravilla, pretendiendo generar un ícono femenino entre tantos héroes viriles.
Sin embargo, otros colegas, como el psiquiatra Fredric Wertham, opusieron una férrea resistencia a las historietas, catalogándolas de discriminatorias y apólogas de la violencia. En su libro «Seducción de la inocencia» Whertman realizó una lectura fascistoide de Superman además de denunciar el carácter lésbico de la Mujer Maravilla y la retorcida relación homosexual ya mencionada de Batman y Robin. Cartón lleno.
De todas maneras, estas interpretaciones ya ocupan un lugar anecdótico en la historia del cómic.
Una visión más simple podría establecer un referente ejemplar que intenta traducir «de manera clara» la noción de Bien y Mal, a secas. Una simplificación que permanece, en mayor o menor medida, dentro del esquema clásico junto a sus respectivas transgresiones.
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