Lo que fue
En las últimas semanas, la ausencia de notas regulares por quien escribe, en su licencia anual, desorientó a los fieles lectores. Para recuperar la memoria de lo que aconteció en ese lapso hoy se hace una apretada síntesis de lo ocurrido. Elena Caja (Instituto Goethe) alcanzó plena posesión de sus medios en una instalación inteligente y sobria que no todos supieron decodificar. Lo indecible recogía fechas (decisivas en su propia vida), recuerdos familiares (trozos de astracán de un tapado de su abuela) y macrofotografías de la piel propia y de seres queridos, un sobrio y circunspecto paseo por el ayer, el transcurrir del tiempo, ejecutado con precisión y seducción.
Sólo artistas (Sala Carlos F. Sáez) reunió un cuarteto de mujeres con disímiles lenguajes unidas por la sólida consistencia expresiva: la rotunda claridad de la grabadora Gladys Afamado, la gracia erótica de Beatriz Battione, el sutil refinamiento de Eloísa Ibarra (actualmente lo amplía desde el Instituto Goethe) y la humorada feliz de Claudia Ganzo.
El escultor Octavio Podestá (Museo de Arte Contemporáneo) mostró una cantidad apreciable de trabajos, predominando una gran instalación de complejidad compositiva, y otras de menor tamaño pero de firme voluntad formal y convincente expresión, aunque una, vinculada a cierta instancia surrealista, escapó a la férrea unidad del conjunto que, tuvo una segunda parte, más lúdica, y poco conocida.
Lamentable, desoladora y patética, la propuesta curatorial de Fernando López Lage (Espacio MEC) en Mix 1-Es ahora. Llegaste, muestra colectiva que expulsa desde la entrada cualquier encuentro posible por la orfandad de ideas y resolución formal. Pocas veces un espacio, castigado por un presupuesto limitado, fue más torpemente desaprovechado como en esta ocasión. Menos ambiciosa, Todo en caja, auténtica investigación del taller de Análisis de la Imagen de Foto Club Uruguayo a cargo de Suci Viera y Solange Pastorino, tuvo aciertos inventivos muy bien resueltos por los numerosos participantes, cuyos futuros pasos habrá que seguir de cerca.
Las reproducciones japonesas de El espíritu de Budó (Palacio Santos) especulan con el exotismo de las artes marciales japonesas con atractivas armaduras, cascos, espadas y otros elementos que sólo a los distraídos y complacientes puede satisfacer, como lo harán, sin duda, las reproduciones de dinosaurios en la Rural del Prado. Más sensato era traer algunos grabados originales, de ayer o contemporáneos, sin excesivos gastos en una gira internacional.
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