El genio proteico de Robert Rauschenberg (1925-2008)

Nacido en Texas en 1925, en la inmensidad de la zona petrolífera, de padre de ascendencia alemana y madre de la etnia cherokee, Robert Rauschenberg fue la personalidad emblemática del arte estadounidense.

No tuvo ninguna disposición temprana hacia el arte. Un típico estadounidense de clase media, inconforme con la religión fundamentalista cristiana de sus padres, hizo el servicio militar en la marina para luego comenzar, erráticamente, a estudiar pintura en su ciudad natal y más tarde en París, durante 1948, en la Academia Julien. De nada le sirvió. Fue al entrar en el Black Mountain College de Carolina del Norte (1949-54), dirigido por el alemán Josef Albers, que su temperamento adquirió una dimensión experimental. No era para menos. Allí convivió con Franz Kline y Cy Twombly y, especialmente, con el músico John Cage y el bailarín Merce Cunningham, a los que se asociará en Nueva York de por vida. Cunningham será la superestrella de su propia compañía de ballet y Rauschenberg el vestuarista y escenógrafo, viajando con el equipo por Europa y el norte de Africa.

Al recibir el Premio en la Bienal de Venecia de 1964, legítimo, por cierto, pero de grosera manipulación de las autoridades de su país al invadir la espacios diplomáticos con una sensacional muestra del emergente arte pop, que deslumbró a los visitantes. En esos días, el ballet de Cunningham estrenó en el teatro La Fenice sus últimas obras y Rauschenberg era el colaborador más llamativo. Un público invitado de cultísimos críticos y artistas provenientes de numerosos países reaccionó con una silbatina y pataleo que oscureció el escándalo del estreno de La consagración de la primavera de Strawinsky en el París de 1913. La furiosa respuesta no iba dirigida al extraordinario espectáculo sino a la presencia de Rauschenberg en el escenario, ajeno por completo a los turbios manejos de los curadores. Rauschenberg, deprimido, deambulaba por las callejuelas venecianas, y quien esto escribe lo encontró solitario y compartió unas horas de diálogo en un café para restañar, en lo posible, la afrenta recibida por energúmenos. Posteriormente, en las varias visitas a Lisboa de Cage y Cunningham, se recordó este incidente.

Mucho antes de 1964 Rauschenberg había anticipado el pop art. Generoso, vital y en permanente creatividad, opuesto a su amigo Jasper Johns, más austero y concentrado. Su primera etapa (1951-53) está conformada por pinturas blancas, después negras y rojas, en un anticipo del minimalismo monocromático. Luego, bajo la influencia de Cage, Marcel Duchamp y Kurt Schwitters, realiza las «combine paintings» desplegando una libertad hasta entonces desconocida, con la incorporación a la pintura de grandes dimensiones, de la escultura y objetos de la vida diaria los más insólitos (muebles viejos, águilas disecadas, todo lo que encontraba en la calle). Anticipó el pop art y la complejidad de la situación social y política de esos tiempos, ampliando la experimentación con el empleo de la xerografía y otros grabados (exhibidos en Montevideo en la Alianza). Su oceánica producción es imposible de ser reducida en un artículo. Una de sus últimas exposiciones fue en el IVAM de Valencia, 2005, donde fue condecorado y no pudo asistir, ya enfermo, presentando la serie Gluts, esculturas hechas con material de desecho, aludiendo en los siguientes términos: «Estamos en una época de excesos. La codicia campea a sus anchas. Yo me limito a exponerla, intentando hacer que la gente despierte. Sólo quiero poner a la gente cara a cara con sus ruinas… Veo los Gluts como souvenirs sin nostalgia. En realidad tienen como objetivo proporcionar a la gente la experiencia de mirarlo todo teniendo en cuenta las numerosas posibilidades que ello plantea». La metamorfosis permanente de los objetos en la sociedad de consumo.

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