El mejor año de Jorge Drexler

La frontera de la identidad

Dice Drexler que fue un año muy lindo. Lindo. Así califica a este 2000 que ya busca desvanecerse: «Fue seguramente el mejor año para mí en términos artísticos y, de alguna manera, ha sido similar al 95, cuando me fui a España. Ambos marcaron un importante punto de inflexión». Y agrega, mientras firma autógrafos cuando lo descubren en la inmensidad del Punta Shopping: «Como que el proyecto se ha ido consolidando, los discos poseen mayor salida y se volvió más fácil trabajar ya que la gente está concurriendo a los conciertos». A Drexler lo acompañaron en su visita a nuestro principal balneario, su manager catalán y Daniel Andino (de la discográfica EMI), su staff técnico y su familia. Cuando el compositor le dice a su pequeño hijo, que no lo suelta ni por un segundo, que tiene que ir a trabajar (por la entrevista marcada), el chico hace una mueca como de susceptible aceptación. Se va rumbo a los vídeo-games de la zona de entretenimientos.

Gradualidad insiste en revisar lo actuado: «Creo que todo ha ido transcurriendo de manera muy gradual. No sé si pudiese afirmar que han existido grandes saltos en mi carrera. Fui de a poco, cuidadosamente, y todo llevó su tiempo». Y entonces, contundente admite: «Como que la gente frente a mis canciones hizo su pausa, respiró, se fue metiendo también gradualmente en el proyecto, que es lo mejor que te puede pasar. Así se inició una relación muy afectiva con el público».

De dónde vengo

Le menciono que se despegó notablemente de sus aparentes cogeneracionales. Drexler hace una pausa, sonríe y se manda: «A mí me cuesta mucho definir a mi generación. Empecé tarde, a los 25 años, y escribía canciones como una descarga personal, cuando era un estudiante de medicina. Los colegas de mi generación, cuando decidí un itinerario digamos profesional, ya habían editado sus discos. Me fui manejando de acuerdo a convicciones pequeñas pero autoexigentes. En realidad, no sé de dónde vengo, como dice la canción».

El devenir

De la generación a la visión panorámica del país: «Este país, el nuestro, se cuestiona todo el tiempo. Y, en ese contexto, la noción del devenir es el principal tópico tanto en lo cultural, en lo político, en todo. Nos preguntamos todo el tiempo por la crisis de la canción, por ejemplo. En España no ocurren estas cosas, y esto no quiere decir que no se preocupen por sus cosas. Lo que digo es que no pasa todo el tiempo».

Perspectiva

El asunto de la lejanía siempre coloca en foco a la comarca: «La distancia te otorga perspectiva. Por ejemplo, te brinda la posibilidad de ver qué es lo relevante y qué no. Ver, por ejemplo, qué es realmente lo propio. A mí la distancia me acercó mucho al folclore, sin que ello permitiera cerrarte los caminos o lo que podía ser mi idea del pop, la que es diferente a la que poseen por otra parte los españoles. Y te diría que me siento cómodo en ese acercamiento a la tradición folclórica, lo cual me permite moverme en la frontera de lo clásico y lo moderno».

Ideas de la frontera

Hablar del mejor disco nacional del año suena indispensable, y Drexler encara: «El disco Frontera también marcó un punto de inflexión y, acaso, en España no se comprendió del todo, aunque se vendió muy bien y coseché muy buenas críticas. Nunca me identifiqué con la idea del cantautor al modo español. Me nutro de muchas fuentes y allá se encasilla mucho. Yo soy el cantautor-tecno del próximo milenio (risas). Yo me pregunto dónde colocarían a alguien tan impresionante como Fernando Cabrera. Te diría que es un disco retro y el más folclórico, el más regional y más general, un disco de contradicciones».

El disco y la posición

Confesiones que se alargan y se profundizan en Drexler: «En Frontera está lo clásico y lo moderno, y por supuesto la participación de Casacuberta y Campodónico fue decisiva en su elaboración. La duda enriquece, el beneficio de la duda, acaso porque estamos saturados de certidumbre (ni siquiera en la línea recta hay certidumbre) y a eso apunta la canción que escribí. En España se entendió por el lado de la xenofobia que lamentablemente persiste y por el lado de los conflictos regionales, todo esto muy ligado entre sí».

El epílogo de la entrevista entre el bullicio y la firma de autógrafos: «Ante todo, el caos creativo del que habla Escohotado. No tener la clarividencia permanente». Y además: «Hay un tipo de cariño en Uruguay que es muy sano. Y otro que no. No estoy de acuerdo con ese Uruguay que busca reafirmar su posible identidad a partir de cierta prepotencia patotera». Ultimas palabras, últimos apuntes de paso de Drexler: «Yo no sé de dónde soy. Tal vez sea una suma de todas las cosas», para luego no olvidar decir lo grato que han sido sus presentaciones en Buenos Aires («abrí un barrio enorme y nuevo», dice) y que en mayo habrá un nuevo disco todavía sin designación, aunque ya exista un puñado de canciones nuevas.

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