Estreno. El clavel negro, desde mañana en Cinemateca 18

Edelstam: el hombre que en el Chile pinochetista salvó a miles de vidas

Sobre hechos reales, el filme reconstruye la crónica de una experiencia personal, de alguien que de pronto experimentó la necesidad de defender los derechos humanos, excediendo sus meras obligaciones diplomáticas.

Las razones que impulsan al protagonista, sus propios demonios, los riesgos que lo rodean, son el motor del libreto y de las intenciones de sus realizadores, una pareja (también en la vida real ) de cineastas suecos vinculados desde hace años a América Latina.

De hecho se sabe que el embajador sueco real salvó la vida de cientos y quizás miles de chilenos perseguidos por la dictadura militar. Toda una historia a contar.

Ahora la película llega a los países donde vivieron o viven algunos supervivientes a la historia. Un militar chileno salvó la vida a veinticinco uruguayos y a numerosos chilenos hasta que fue juzgado por traición y asesinado con un tiro en la garganta. Parte de la reconstrucción histórica fue realizada en el Estadio Nacional de Santiago, campo de concentración de miles de torturados y desaparecidos . En torno al personaje del embajador sueco ocurren otras historias, se suman otros personajes, completando un cuadro colectivo que procura abrir, treinta y cinco años después, una reflexión sobre un tema que sigue abierto en Chile, Argentina, Uruguay.

El codirector Ulf Hultberg lo explica desde su punto de vista: «En nuestro caso, Harald Edelstan representa a nuestro continente. Manejó la diplomacia al ciento por ciento. Era carismático y como hombre oía a su corazón. Escuchó e hizo lo que una persona que se considere como tal debe hacer. No obedeció a las autoridades ni pidió permiso, arriesgando su vida.

En Uruguay saben quien fue Harald, pero no tanto en Suecia, a pesar de todo su coraje civil».

El dato complementario: según Amnesty International, Harald fue la persona que ha salvado más vidas en la historia, con menos fama mediática que Schindler, sin dudas.

La pareja de realizadores está radicada en México, donde Asa Faringer estudió cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Ulf Hultberg trabaja en América Latina desde 1973, pero ha hecho cine en China, India, Vietnam y Africa. Ambos tienen vocación viajera buscadora de historias que «deben contarse para que las nuevas generaciones no las olviden» y esas historias provienen de un continente donde todos los países «tienen héroes nacionales (San Martín, Hidalgo, Che Guevara), cosa que no ocurre en Suecia». Esas experiencias han generado tres filmes codirigidos por Asa y Ulf: «La hija del puma «(Pumans dotter, 1994, exhibida en el Festival Internacional de Cinemateca en 1995), sobre el conflicto armado en Guatemala con rodaje en Chiapas, «Amor de la calle» (2000) sobre una prostituta mexicana, y ahora «El clavel negro» que se rodó en Chile y se presenta en primera exhibición pública en Sala Cinemateca.

La dictadura militar chilena originó antes otros largometrajes europeos de ficción sobre hechos reales: «Desaparecidos» (Costa Gavras, 1982) y «Dulce país» (Machael Cacoyannis, 1987), los más notorios .

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