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HACEMOS UN SHOW PARECIDO AL CINE MUDO

Los pabellones de diversos y numerosos países rivalizaron en su arquitectura, en especial las dos grandes potencias: Estados Unidos ocupó el espacio mayor para sintetizar el american way of life en plausible y aplaudida sobriedad, en torno a una piscina circular, con techo abierto y rodeada de árboles majestuosos, papas de Idaho, desfile de modelos, trajes de rugby (ese ininteligible deporte), la historia de su pintura, cerebros electrónicos, cabinas electorales eléctricas, reconstrucción de drugstores y jardín de infantes. En oposición, el pabellón soviético, acumulación de cosas de la manera más increíble y absurda. Ni el deshielo contribuyó al buen diseño. En cambio, los pabellones de Hungría, Yugoslavia, Finlandia, Alemania, Holanda y Gran Bretaña se distinguieron por su creadora arquitectura.

Quien esto escribe asistió al magno acontecimiento. La Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), realizó su X Asamblea General, con un centenar de especialistas invitados de todo el mundo, reunidos para hablar vagarosamente, como es costumbre, sobre temas que importan en torno a la tesis de Pierre Francastel, sobre arquitectura contemporánea. Estrellas de la crítica (Argan, Herbert Read, Pedrosa, Johnson Sweeney, Alfred Barr, Bruno Zevi, Paul Fierens, Emile Langui), para citar algunas, compartieron con críticos jóvenes las visitas a otras ciudades cercanas y colecciones particulares en una espectacular programación. Lo más apetecible era al exposición 50 años de arte moderno en el Palacio Internacional de Bellas Artes.

Una síntesis, discutible en su concepción histórica, que a partir de artistas precursores opuestos (Van Gogh, Hodler, Gauguin, Corinth, Toulouse-Lautrec, Monet) en la tendencia de energía constructiva, por un lado, y por otro, la línea de potencia colorística (Ensor, Bonnard, Vuillard, Seurat). En el medio, el solitario de Aix, Cézanne.

Con estos artistas se inició el cambio de la imagen pintada y esculpida. La sucesión de ismos: fauvismo (Matisse, Dufy, Vlaminck), expresionismo (Kokoscha, Schmidt- Rottluff, Beckman), futurismo (Boccioni, Balla), cubismo (Braque, Picasso), constructivismo (Malevich), los metafísicos italianos (de Chirico, Carrá, Morandi), dadaísmo (Marcel Duchamp), surrealismo (Max Ernst), ingenuos (Ivan Generalic, Hegedusic, el aduanero Rousseau), realismo socialista y el arte abstracto en su diversidad (Klee, Kandinsky, Mondrian, Vasarely, Pollock), en un desfile, por supuesto, mucho mayor de artistas, entre ellos, los portugueses Amadeo de Sousa Cardozo, Vieira da Silva y Jorge Vieira.

La escultura siguió una visión paralela, partiendo de Rodin, Despiau y Maillol hasta culminar en Pevsner, Calder, Moore y el joven Reg Butler.

A la distancia, el balance de medio siglo parece muy esquemático, aunque ya lo era. Pero de cualquier manera un festín inolvidable. Sin embargo, lo que subsistió, pese a la condición de durar seis meses, fue el Atomium. Diseñado por el ingeniero belga André Waterkeyn para representar a Bélgica en la Expo´58, es una construcción de aluminio que representa la estructura tridimensional de una molécula de hierro aumentada 165 mil millones de veces, conectadas por 20 tubos. Reforzada y renovada por fuera y por dentro (las placas de aluminio fueron sustituidas por metal inoxidable) por el éxito obtenido, permanece hasta hoy con sus salas de cine, teatro y restaurantes.

Fue el año en que Bruselas dejó de ser una ciudad provinciana y se convirtió en metrópolis internacional. Bélgica celebra los 50 años del Atomium durante 2008, entre el 17 de abril y el 19 de octubre (las mismas fechas de hace medio siglo), con más de 40 actividades, películas y fotografías que recuerdan esa magna fecha.

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