Meteoro. Del cómic a la psicodelia

Los hermanos Wachowski pisan el acelerador para llegar a la meta

A partir de aquí, estas macacadas tuercas dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en un éxito arrollador, a pesar de la pobreza animada con que las imágenes circulaban por la pantalla chica.

Ahora, los hermanos Wachowski pretenden renovar el suceso con este reciclaje virtual de la serie, condensada en una historia inicial que reúne todos los ingredientes de antaño pero contextulalizados para el siglo XXI. Es una apuesta fuerte, con todos los chiches tecnológicos de última generación y una mezcla digital computarizada que define ­en forma óptima­ una ficticia autopista del futuro. Dicha «perfección», en realidad, termina saturando un poco e impresiona como un ejercicio psicodélico multicolorido a la manera de un video­ game. Más allá de una anécdota simplificada (familia de corredores automovilísticos buenos contra multinacional mafiosa), esta versión de «Speed racer» supone un ticket para la montaña rusa pero a bordo de una maquinita que funciona con fichas. Un juego para chicos y grandes que tarda en encender el «play again» porque la carrera ya está coordinada en toda su extensión (un recorrido bastante largo, por cierto) y no se preocupa por contactarse con cualquier cosa que tenga que ver con el mundo real. Por el contrario, la estética se nutre de espacios geográficos recombinados, luego de que los actores filmaran en fondos azulverdosos, un universo cromático que ­en cierto sentido­ recuerda la traslación de «Dick Tracy» protagonizada por Warren Beatty y una sucesión de competencias demenciales, casi surrealistas y totalmente inverosímiles. (Todo esto importa poco, a decir verdad, porque el filme ya debe tener un sesudo estudio de marketing como para pronosticar una rentabilidad de proporciones).

Cabe señalar, además, que los creadores de «Matrix» no han descuidado detalle ni retaceado inversión: desde un elenco que se da el lujo de integrar a Susan Sarandon pasando por una campaña global que golpea fuerte, este «Meteoro» tiene todas las ventajas como para llegar a una gran meta taquillera como el bólido que representa. Es totalmente hueco a pesar de los supuestos valores que simboliza (la familia unida, la lealtad, el sentido del honor, etcétera) pero su argumento no se sostiene en pie ni por un segundo a pesar de cierta capacidad de síntesis y agilidad narrativa que, por momentos, demuestra. Es oficio industrial, no artesanal. Es un producto armado con todas las de la ley para ganar mucho, mucho dinero y destinado al gran público (una masa que nunca se sabe bien donde está ni qué es) que va a sacar su entrada para ver un espectáculo que le devuelva íntegramente el valor de su platita.

Probablemente la mayoría quede conforme con esta pirotecnia armada por los realizadores de «V de venganza» ya que se han convertido en los nuevos reyes Midas del negocio cinematográfico. Por algo será.

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