Sui Generis superstar

El culto eufórico al revival

Charly García y Nito Mestre abordaron los materiales de su nuevo disco Sinfonías para adolescentes y los temas clásicos para ser torrencialmente ovacionados.

Gratísimo ensamble sonoro de la banda de apoyo, y al frente Charly García y Nito Mestre buscando recuperar una forma de operatividad, una química comunicacional, un temblor escénico que había concluido hace un cuarto de siglo en el Luna Park marcando de ese modo un trazo legendario en la cultura rock del Río de la Plata.

No hacía falta demasiado esfuerzo ante un público mezcladísimo en edades que fue a ovacionarlos, rendirse en cánticos, manifestarse claramente en un modo claramente afectivo. La emotividad ante todo, desde luego, y jaque mate con semejante auditorio tan dispuesto y tan expuesto en su flanco emotivo.

Sui Generis regresó y, por cierto, una vez instalado en el escenario la correspondencia con sus multitudinarios receptores fue inmediata una conexión sanguínea y asimismo evocativa que no solamente incluyó a cogeneracionales sino a los más jóvenes.

Es lo que permite, entonces, la cultura del revival cuando un proyecto en este caso cancionístico ha hecho historia grande con canciones que en su momento –la década del setenta– tenían un embalaje adolescente, cristalino, cuestionador y a la vez una idea poética de leer pues la comarca y el mundo.

Ese proyecto causó una superficie de identidad tan potente que, anteanoche, el concierto de Sui Generis fue como revisar colectivamente un tramo epocal subrayado por fulgores varios, entre ellos una lógica de cambio, una posición de diferentes que hoy se le puede visualizar desde una actualidad que debe acudir necesariamente al inconsciente colectivo con el plus de las canciones en directo, allí, desde la madurez y el oficio sobrado de Charly y Nito y su excelente banda de instrumentistas.

Golpes a la emotividad promueven este tipo de espectáculos. El que de algún modo va tras novedades, la mayoría de las veces se sentirá decepcionado. Pero la gente, esencialmente, fue a toparse con los superstar de Sui Generis y con canciones que literalmente conmovieron como «Canción para mi muerte» o hacia el epílogo «Rasguña las piedras» y «Aprendizaje» o la versión de «Botas locas», mezclándose con la actualidad garciana de «El día que apagaron la luz». Infaltable «Bienvenidos al tren».

O cuando García, a solas con su guitarra, hizo una espléndida versión de «Confesiones de invierno» (tan vigente, sí señor ) para marcar el momento más intenso y recogido, si se quiere estremecedor para muchos. Y el rocanrol de la emblemática «Mister Jones», la metafórica «Casandra» y la calidez de «Quizá por qué», además de la justeza con que se abordó «Tango en segunda» y «Juan Represión», en un recorrido que también incluyó un intervalo de media hora y una secuencia de las canciones nuevas como «Monoblock» o «Newscafé» y por supuesto «Sinfonías para adolescentes» entre otras. Todo revival remite al masajeo de la memoria emotiva y a reuniones tan lacrimógenas como fugaces. Lo hecho, hecho está. Y cuando retorna genera estas manifestaciones más que estéticas, en todo caso esencialmente emocionales. Y este show de tres horas de Sui Generis, altamente profesional en su puesta en escena y en su desarrollo, probó y comprobó que el carisma y el desenfado de Charly todavía conecta con esa disposición más serena, más cauta, más de cable de tierra de Nito.

Fue una fiesta para quienes sabían –todo el público presente– que se iban a montar al tren del pasado. De un pasado hecho canciones. Canciones que, en gran medida, seguirán escuchándose como un modelo de gestión como forma de la nostalgia y también de la perdurabilidad.

Adiós Sui Generis superstar. Lo lograron de nuevo sin esforzarse demasiado.

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