Dramático. "Cometas en el cielo", una poética reflexión sobre la violencia y la culpa

La tragedia de un pueblo condenado

Hace veinte años, en los estertores del denominado socialismo real devenidos por las reformas impulsadas por Mijail Gorvachov que hicieron añicos la bipolaridad planetaria, tropas soviéticas ocuparon territorio afgano, para apoyar a grupos leales a Moscú.

Los rebeldes islámicos que luchaban contra el régimen prosoviético recibieron apoyo militar y logístico de Estados Unidos, pero esa circunstancia se transformó luego en un boomerang para el hoy imperialismo unipolar.

La instauración del fanatizado régimen talibán expulsado luego del poder por la agresión norteamericana que siguió al ataque contra las torres gemelas, es el último episodio de fuerte impacto y visibilidad de ese martirizado país.

«Cometas en el cielo», el poético filme del realizador Marc Forster, reconstruye algunas de las experiencias contemporáneas más tortuosas del Afganistán contemporáneo.

La crucialidad del relato descansa sobre el período de la infancia del personaje, cuando, en la montañosa geografía de sus lares natales, solía remontar cometas junto a un entrañable amigo.

Esa experiencia compartida fue sinónimo de afecto y solidaridad, dos sentimientos que, a la sazón, fueron jaqueados por una traumática situación, que inició un viaje sin retorno rumbo a un infierno de silencio, traición y culpa.

De algún modo, la materia prima de la narración son los recuerdos del exiliado, quien, ante una imprevista llamada telefónica llegada a su nuevo hogar californiano, comienza a reconstruir un pasado que ha intentado vanamente extirpar de su atribulada memoria.

Ese ejercicio de evocación lo traslada imaginariamente a las más entrañables vivencias de una infancia con dilemas y vacíos afectivos y existenciales, sin madre y con un padre comprometido con el cuidado de su hijo, pero depositario de dolorosos secretos.

Resultan realmente impactantes las imágenes que registran el ingreso de las tropas soviéticas en el Afganistán de fines de la década del ochenta, la tortuosa huida rumbo al vecino Pakistán y el país devastado salvajemente por la guerra bajo el gobierno de los talibanes.

No obstante, el propósito de Forster no es obviamente la mera recreación histórica, sino la denuncia de las terribles consecuencias de la violencia, que suele destruir pueblos, familias, afectos filiales y lealtades.

En más de un sentido, la agobiante experiencia vivencial del protagonista representa uno de los rostros más grotescos de la diáspora de pueblos azotados y expoliados por la guerra.

Sin embargo, ese frontal retrato que propone el cineasta, no se limita a la mera reconstrucción de peripecias colectivas signadas por la fatalidad.

También analiza la extrema ambigüedad de algunas conductas individuales sometidas a situaciones límite.

«Cometas en el cielo» es un friso humano contundentemente testimonial, que pincela el pesadillesco drama experimentado por seres irredentos y castigados por el destino.

Aunque la historia no soslaya situaciones moralmente aberrantes, una de sus mayores cualidades es la intrínseca sobriedad del planteo y su esmerada resolución cinematográfica, que pone particular énfasis en una fotografía de trazo casi documental y una sugerente banda sonora.

«Cometas en el cielo» es un filme de lenguajes eminentemente poéticos, que registra el tortuoso itinerario de un pueblo predestinado al sufrimiento, reflexionando en torno a la amistad, la solidaridad, los afectos, la culpa, la guerra y los más paranoicos fundamentalismos de nuestro tiempo histórico.

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