Rey sol, rey apagado
Hay una sensación desconcertante al escuchar Rey Sol, el nuevo trabajo discográfico del rosarino Fito Páez. Aun cuando tal vez continúan ciertas tendencias de estilo ya entrevistas en el más que correcto (pero asimismo controversial entre las opiniones) y anterior álbum Abre, la suma de materiales es tremendamente despareja.
No es difícil concluir, a primera y última lectura, que Rey Sol (y cuya canción homónima está dedicada a su pequeño hijo) es el disco más flojo –aun con lujos de producción e invitados al pie y más que solvente staff de instrumentistas– de toda su amplia, rigurosa y creativa peripecia artística.
Está el riesgo de exhibir textos largos, en un tiempo que todo tiende al despojamiento. Un sistema escritural, el de este Páez, con veteados neobarrocos o más concretamente amagues que poseen lisa y llanamente aciertos parciales. Fito ha otorgado un paso que realmente lo excedió en sus propósitos y pese a buenos temas como «Acerca del niño proletario» (inspirado en la obra del notable Osvaldo Lamborghini) o rocanroles que hacen recordar aquella visceralidad y a la vez virtuosismo de otros tramos epocales, como «Molto lugar». La apuesta del texto largo, sofocante, abarcador –con intervenciones de Midón y del cubano Javier García– tiene su mayor irradiación en la desmesurada «Paranoica Fierita», otro intento de colocar en foco una realidad del reino del revés que viene a ser la Argentina.
No pasa demasiado aunque todo suene de maravillas, pero tanta pretensión termina casi vaciándose de contenido. Todo es un océano de intenciones con músicos virtuosos y versátiles, temáticas con una estética disidente.
Pero quizás Páez ya es hora de dejar atrás esa noción tan culta –no sé si mal aprendida– de creerse que una obra debe ser el equivalente del sermón de la montaña. Y ahí todo se desbarranca. Habrá que reponerse, Páez, porque talento hay de sobra. Será en el próximo disco, seguramente.
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