Veteranos músicos cuya muerte enluta al jazz

In memoriam: Phil Urso y Donald Walden

Falleció a los 69 años, víctima del cáncer, el saxofonista tenor Donald Walden, una de las principales figuras del jazz en el área de Detroit.

Nacido en St. Louis en julio de 1938, se radicó en Detroit a los ocho años y absorbió el poderoso movimiento jazzístico que se producía en esa ciudad. A los quince ya tocaba aceptablemente el saxo tenor, había estudiado con Barry Harris y Yusef Lateef, y practicaba con amigos como el baterista Roy Brooks y el saxo Charles McPherson.

Entre 1960 y 1966 estuvo en New York, donde trabajó con Booker Ervin, Joe Chambers y la gran orquesta de Sun Ra, pero volvió a Detroit y se convirtió en un fuerte propulsor de la música de jazz, tanto en su carácter de ejecutante como de profesor.

En 1985 le confirieron el Premio de las Artes por su contribución a la enseñanza y a la música. Once años después fue nombrado Maestro de Jazz. Dictó cursos en las universidades de Ohio y de Michigan y algunos de sus alumnos fueron celebridades, como la violinista Regina Carter, el bajista Rodney Whitaker y la pianista Geri Allen.

Visitó muy pocas veces los estudios de grabación. Sus discos más destacados fueron los dedicados a la música de Tadd Dameron, Thelonious Monk y Charles Mingus.

Por otra parte, a los 82 años murió el saxofonista tenor Phil Urso. Más conocido que Walden, su carrera brilló en los años cincuenta como una de las figuras del «cool jazz», exhibiendo una fuerte influencia del estilo del gran Lester Young.

Nacido en New Jersey en octubre de 1925, estudió primero el clarinete y luego el saxo tenor. Tocó con las orquestas de Woody Herman, Jimmy Dorsey, Miles Davis, Terry Gibbs y Oscar Pettiford y codirigió un quinteto con el trombonista Bob Brookmeyer.

Su mejor época se situó en 1955 y 1956, cuando integró el memorable quinteto que dirigió Chet Baker, con el que grabó buenos discos como Jazz Profile y Young Chet (ambos del sello Blue Note), Chet Baker and Crew y Playboys (ambos de Pacific Jazz). Como líder, su mejor álbum es Philosophy of Urso, grabado en 1954 para el sello Savoy.

Desgraciadamente, una temprana e incurable afección dental fue disminuyendo su actividad como instrumentista y terminó radicándose en Denver hasta el fin de sus días. En 1971 Baker dijo de él que «era un gran músico y compositor, pero el mundo del jazz nunca le reconoció la importancia ni le brindó la consideración que merecía».

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