
La ceremonia, que contó con el apoyo de la Embajada de Perú en Uruguay, consistió en la lectura de poemas de Vallejo y una exposición de cartas y libros que desde ayer puede apreciarse en la Biblioteca Nacional. El agregado cultural de la embajada peruana, Bruno Podestá, el presidente de la Academia, Wilfredo Penco, y el escritor uruguayo Jorge Arbeleche, se refirieron a la obra del autor de “Los heraldos negros”, a la vez que se leyeron algunos de sus poemas.
Vallejo, considerado uno de los escritores más destacados de su país, es autor, entre otros poemarios, de “Trilce”, “Poemas humanos” y “España aparta de mí este cáliz”.
César Vallejo nació en Santiago de Chuco, región andina de Perú, el 16 de marzo de 1892. Murió en París.
Sin discusión, se trata del poeta peruano más prestigioso de todos los tiempos, una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX al lado de Neruda y Huidobro y una de las voces más originales de la lengua española. Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar; las experiencias del dolor cotidiano y la muerte; la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación; la solidaridad con los pobres y desamparados del sistema capitalista; y la fe en la utopía revolucionaria prometida a los hombres por el marxismo.
En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil Española.
Nació en Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú, en el seno de una familia con raíces españolas e indígenas. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar. Estudió en la Universidad de Trujillo, ciudad donde recibió el estímulo de la bohemia local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes. Allí publicó sus primeros poemas antes de llegar a Lima a fines de 1917.
En esa ciudad apareció su primer libro, “Los heraldos negros” (impreso en 1918), uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo, tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig. En 1920 realizó una visita a su pueblo natal, donde se vio envuelto en unos disturbios que lo llevaron a la cárcel, permaneciendo recluido durante tres meses; esa experiencia tuvo una crítica y permanente influencia en su vida y obra, y se refleja de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, “Trilce” (1922). Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella se ve a Vallejo apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana que nunca antes habían sido explorados.
Al año siguiente partió hacia París, donde permaneció (con algunos viajes a la Unión Soviética, España y otros países europeos) hasta el fin de sus días. Los años parisinos fueron de extrema pobreza y de intenso sufrimiento físico y moral. Participó con amigos como Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Juan Gris en actividades de sesgo vanguardista, pero pronto abjuró de su propio “Trilce” y hacia 1927 apareció firmemente comprometido con el marxismo y su activismo intelectual y político.
Escribió artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales, relatos y ensayos de intención propagandística, como “Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin” (1931). Afiliado al Partido Comunista de España (1931) y nombrado corresponsal, siguió de cerca las acciones de la Guerra Civil Española y escribió su poema más político: “España, aparta de mí este cáliz”, que apareció en 1939 impreso por soldados del Ejército republicano. Toda la obra poética escrita en París, y que Vallejo publicó parcamente en diversas revistas, apareció póstumamente en esa ciudad con el título “Poemas humanos” (1939). En esta producción es visible su esfuerzo por superar el vacío y el nihilismo de “Trilce” y por incorporar elementos históricos y de la realidad concreta (peruana, europea, universal) con los que pretende manifestar una apasionada fe en la lucha de los hombres por la justicia y la solidaridad social.
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