Estrenos en formato electrónico: lo mejor del fin de siglo
Como ya se sabe, este balance supone pasar revista a los mejores estrenos videográficos que no logaron una exhibición anterior por la pantalla grande. No está de más agradecer al formato electrónico ya que, después de todo, nos ha permitido acceder a muchos títulos cuya distribución por los circuitos locales parece, –a fines del 2000–, definitivamente clausurada.
Muy probablemente el lanzamiento en formato electrónico de Niños del cielo, del iraní Majid Majidi, haya sido uno de las ediciones más trascendentes –y esperadas– a nivel de la crítica especializada. Ganadora de diversos premios internacionales y nominada al Oscar de Hollywood como Mejor Película Extranjera en 1998, este entrañable filme sobre dos hermanos y un par de zapatos robados alcanzó momentos de sublime poesía. De lo mejor del año, sin dudas. En un grado similar de calidad artística, aunque jugado a otro ritmo estético, podríamos señalar el alucinante filme Corre, Lola, corre del germano Tom Tykwer, que fusionó diversos desenlaces a través de una intensa historia de amor y muerte en clave de fascinación extrema.
Video hogareño: una selección de lujo
Otro caso a tener en cuenta podría ser –por ejemplo– la edición videográfica del filme español Tesis, de Alejandro Amenábar que, justicia es decirlo, alcanzó una fugaz exhibición en la semana del cine Radical de 1999. De todas maneras, dicha exhibición puntual podría considerarse una excepción a la regla. El posterior lanzamiento electrónico, de todos modos, subsanó una ausencia que importaba y concretó, a la vez, uno de los mejores títulos editados en video. Ni hablar de Violent Cop, de Takeshi Kitano, que confirmó la mirada salvaje y fascinadora de este japonés responsable de Flores de fuego, otra obra mayor. De corte casi quirúrgico, la frontalidad cinematográfica de Kitano logró momentos deslumbrantes. En resumen, este «maldito policía» de Oriente resultó un video lírico, brutal e inolvidable.
También Limbo, de John Sayles, resultó bastante difícil de olvidar. Con uno de los finales abiertos más sugerentes del cine de los últimos tiempos, esta realización –que pasó inadvertida en las góndolas de los videoclubes–, merece figurar como uno de los lanzamientos de mayor calidad artística del año. La sugerencia estuvo presente, además, en Heridas de amor, un filme escrito y dirigido por Paul Auster, con Harvey Keitel y Mira Sorvino, que tuvo altibajos y grandezas por partes iguales.
Otra película importante resultó ser Instintos ocultos (Loss of sexual innocense), de Mike Figgis, cuya antojadiza y taquillera traducción ocultaba una obra plena sobre el despertar sexual en provocativo abordaje. Este largometraje, filmado en Inglaterra en 1998, hubiese merecido un aterrizaje en la pantalla grande pero su edición en soporte electrónico supuso la única alternativa para seguir de cerca la obra del director de Adiós a Las Vegas.
Abel Ferrara, Lawrence Kasdam, Alan Rudolph y David Mamet, entre otros
Por su parte, el director Michael Winterbottom desembocó en el soporte electrónico por partida doble: en primer lugar cabe subrayar la producción inicial de Amo la vida (que sólo pudo verse en la pantalla grande del Primer Festival de la Crítica) para pasar, posteriormente, a la edición de Wonderland. Este universo de cinta grabada logró recuperar además, el intresante filme Caras conocidas, de Antonia Bird, la singularidad dispar de New Rose Hotel, de Abel Ferrara, y la también despareja Apuesta final (Rounders), de John Dahl, que contaba –sin embargo– con las respetabilísimas actuaciones Matt Damon y Edward Norton.
En esta lista merece figurar –además– el largometraje animado South Park de Trey Parker; la desigual película Desayuno de campeones de Alan Rudolph; El honor de los Winslow de David Mamet; Frente a frente de Mathías Ledoux, La elección de Alexander Payne y S.O.S.: Verano Infernal, de Spike Lee, uno de los cineastas norteamericanos más polémicos de los últimos tiempos que, en este caso, ofrecía una mirada retrospectiva (y desoladora) de los Estados Unidos de fines de la década del setenta.
Todas propuestas que, verdaderamente, hubiesen merecido mayor difusión como el caso de Dulce amistad de Hettie McDonald, Mumford de Lawrence Kasdam, o El poderoso de Peter Chelsom pero que, como señalábamos al comienzo de la nota, sólo encontraron en la versión electrónica una posibilidad de acceso al público.
Epílogo fantástico
A nivel de ciencia ficción, las palmas fueron para Cube (Gran premio del Jurado Science Fiction and Fantasy Film Festival), de Vicenzo Natali, una producción canadiense, en propuesta alegórica, sobre media docena de personajes prisioneros en un laberinto mortal. Verdaderamente fascinante, claustrofóbica y sobrecogedora. Otra obra que hubiera merecido mayor resonancia fue eXistenZ, de David Cronenberg, que rompió los límites entre la fantasía virtual, el mundo real y los sueños. El filme en cuestión sumergió al espectador en un inquietante clima onírico donde todas las fronteras se derrumbaban frente a pesadillas que entrecruzaban el erotismo y la escatología.
Extraña y desacomodadora, la película hizo honor a la fama de su director a la vez que lograba adhesiones extremas y rechazos categóricos por partes iguales. Por último cabe señalar al filme español El milagro de P. Tinto de Javier Fresser aunque quizás escape bastante de las coordenadas del género. Sin embargo su fantástica capacidad para el delirio rompió todos los esquemas habidos y por haber del cine ibérico.
Un desafío que valió la pena, por cierto.
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