Entre la obediencia debida y el mandato constitucional
En «Los soldados del general», los periodistas José Luis Martínez y Matías Rótulo reconstruyen más de una veintena de enjuiciamientos de militares procesados, degradados o expulsados, aún antes de la instalación de la dictadura.
En este documentado libro, los autores se internan en los oscuros entretelones de la interna militar, que se tensó al máximo por la polarización política y social previa al golpe de Estado del 27 de junio de 1973 y mantuvo viscerales antagonismos luego de este infausto acontecimiento.
Los veintitrés relatos que componen esta auténtica aventura de investigación, nos convocan a compartir un periplo tan incierto como tormentoso, que reconstruye buena parte de nuestra historia reciente.
Como es notorio, la producción historiográfica de posdictadura ha privilegiado, particularmente, el abordaje de la génesis de la violencia autoritaria, la conculcación de las libertades públicas, la violación de los derechos humanos, los crímenes de lesa humanidad y el padecimiento de miles de presos políticos.
La multiplicación de los testimonios ha alimentado abundantemente ese correlato del pasado reciente, que, tanto en formato biográfico como ficcionado, ha contribuido a arrojar luz sobre la verdad.
Esa perentoriedad por reconstruir el verdadero origen de los álgidos conflictos que fracturaron radicalmente a la sociedad uruguaya hace cuarenta años, constituye, desde hace más de dos décadas, la materia prima primordial de un nuevo género literario.
La amplia aceptación de estos productos por parte del público consumidor, corrobora la natural avidez de los uruguayos por superar las fracturas de la memoria y sentar las bases de una nueva convivencia democrática.
En ese contexto, el indudable acierto de los colegas es centrar su particular análisis en acontecimientos bastantes poco conocidos y escasamente transitados por la literatura testimonial.
Salvo excepciones, el tenso clima de desconfianza entre civiles y uniformados que siguió al período autoritario, abortó eventuales análisis de la cuestión militar.
A ello se sumaron las peculiares características de la salida institucional, mediante un controvertido pacto celebrado entre representantes políticos y mandos castrenses, que devino en elecciones celebradas con proscripciones y cárceles atestadas de presos políticos.
El análisis de coyuntura no debe soslayar, obviamente, la inmoral Ley de Caducidad que institucionalizó la impunidad de los delitos de lesa humanidad, la cual operó, hasta hace apenas tres años, como una suerte de blindaje y paraguas protector para los criminales.
«Los soldados del general» corrobora que la disputa por los espacios de poder en el seno mismo de las instituciones armadas, comenzó bastante antes del quiebre institucional.
Antes de ingresar en materia, José Luis Martínez y Matías Rótulo recrean los escenarios donde se dirimieron las luchas entre las irreconciliables tendencias que convivieron en los cuadros castrenses. En ese contexto, los autores recuerdan la confrontación entre el grupo ultranacionalista que amparó a los más notorios golpistas y los militares de impronta liberal y constitucionalista. Mientras los primeros se alinearon en torno a la figura del general Mario Oscar Aguerrondo, los segundos fueron liderados por el general Líber Seregni.
Ambos movimientos antagónicos sintetizaron, en muy buena medida, dentro de los cuarteles, el espíritu confrontacional que fue ganando a la sociedad uruguaya en la década del sesenta, en medio de un clima de creciente agitación social y la escalada represiva del aparato estatal.
No faltan, naturalmente, explícitas referencias a las logias militares, en cuyo vientre se engendró la oscura conspiración destinada a arrasar las instituciones democráticas e instaurar una pesadillesca dictadura, que abolió el estado de derecho durante más de once años.
Por más que los dos casos más notorios de degradación son los de los generales Líber Seregni y Víctor Licandro, los periodistas analizan las historias de otros veintiún oficiales que padecieron la arbitrariedad de los inquisidores uniformados.
Trabajando con las actas de los tribunales de honor, los autores avanzan en el esclarecimiento de numerosos juicios dirimidos en la interna militar, que se procesaron sin las mínimas garantías del debido proceso.
Un caso muy ilustrativo es el del capitán Edison Arrarte, quien en 1972 fue sometido a tribunal de honor, por denunciar torturas y malos tratos a presos en el batallón de infantería Nº 13. Pese a la sólida argumentación de su defensa, el acusado fue enjuiciado.
Una situación similar afrontó el coronel Pedro Montañez, militar con treinta años de carrera en el ejército, acusado de mantener contactos con guerrilleros. Sobre él cayó todo el peso de la inequidad y la prepotencia.
Incorporando oportunas referencias para situar al lector en los momentos históricos específicos, Martínez y Rótulo presentan los casos del coronel Luis Lazo, los capitanes Juan J. Rodríguez y Carlos Luis Cabán, el mayor Brun Uruguay Canet, el coronel Carlos Zufriategui, el teniente Irmo Timoteo Bidegaray, el mayor Guillermo Castelgrande, el coronel Pedro Aguerre y el mayor Jaime Igorra, entre muchos otros.
Para lograr un impacto aún más explícito en el lector, los periodistas reproducen textualmente los alegatos y testimonios, tanto de los acusados como de los acusadores.
Obviamente, en todos los casos, se transcriben las sentencias, que revelan el alto grado de arbitrariedad de los tribunales militares y la ignorancia y el arrasamiento de las más elementales normas del derecho.
Las argumentaciones de la parte acusadora resultan realmente muy ilustrativas, denunciando una rígida sujeción a la disciplina castrense, la obediencia debida y el espíritu de la doctrina de la seguridad nacional aprendida, como laico catecismo, en las propias academias militares del imperialismo.
Por su parte, la mayoría de los alegatos de los acusados revelan una alta convicción de acatamiento a la legalidad y un contundente rechazo a las prácticas golpistas.
De todos modos, algún testimonio aislado que el lector sabrá identificar, revela las devastadoras consecuencias del odio y la grosera distorsión de valores inoculada a los oficiales por los mandos castrenses.
Obviamente, uno de los casos recreados que insume mayor espacio es el enjuiciamiento del general Líber Seregni, quien fue procesado por la justicia militar, degradado y encarcelado.
Tanto el falaz auto de acusación como el alegato de defensa del imputado, revelan, en forma incontrastable, que la verdadera motivación del proceso fue la actividad política desplegada por el líder histórico del Frente Amplio y su inclaudicable resistencia a la dictadura.
«Los soldados del general» es una investigación seria y documentada, que desnuda más de una veintena de situaciones de militares enjuiciados y degradados por su papel opositor al autoritarismo, incluso antes del golpe de Estado.
La textualidad de los testimonios recogidos otorga a este trabajo el intrínseco valor de lo auténtico, transformando a este libro en un plausible material de debate y reflexión.
(Editorial Arca)
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