Teatro. Ancianidades, antiguas y decentes

Intimidades indecentes, de Leilah Assumpçao, en el Movie Center

Esta obra de Leilah (y no “Leila”) Assumpçao (o “Assunçao”), nacida en 1943, fue estrenada en nuestro medio por actores brasileros en el último Festival Internacional de Teatro de El Galpón, con el título original de “Intimidad indecente”, que la adaptación de Andrés Tulipano exaltó a un plural de indecencias que no llegó a justificarse.

Tal como la vimos (no conocemos la versión original en portugués) fue uno de los espectáculos más vetustos y exangües de este año. Nada en la obra sobrepasa en un milímetro los lugares comunes del género; el defecto más evidente fue, una vez más, la confusión entre la comedia (que no existió) y el chiste, a contramano y añejo. Las estentóreas risas del público comenzaron cuando Héctor Guido dijo dos veces, a boca llena, en el estilo de Paquito Busto, Roberto Barry o Alberto Olmedo “¡Pero mi mujer es una tortillera!”

Hemos oído que, por encima de la inanidad de la pieza, los actores “se sobraron” en los papeles, pero no tenemos el honor de compartir esta afirmación. La puesta en escena se tambalea entre la comedia que no fue y los chistes; ello afectó la interpretación, que no fue homogénea. Los actores no lograron acoplar sus tonos y volúmenes de voz y tampoco acertaron con la secuencia, precisa y sutil, que debieron tener las réplicas. Pero no le pidamos eso a los “humoristas”.

INTIMIDADES INDECENTES, de Leilah Assumpçao, en adaptación de Andrés Tulipano, con Gloria Demassi y Héctor Guido. Escenografía de Osvaldo Reyno, vestuario de Ana Arrospide, música de Fernando Ulivi, iluminación de Alejandro Piastra, dirección de Jorge Denevi. Estreno del 28 de marzo, en el teatro Movie Center

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