Un terreno para el teatro "Oi Nois" en Cidade Baixa
Se cedió, por tiempo indeterminado, el terreno sito en la esquina de Joao Alfredo (No.709) y Aureliano de de Figueiredo Pinto, en el barrio Cidade Baixa» de Porto Alegre, para las actividades del grupo, que está siendo desalojado del «Terreiro» de Dr. Joao Inacio 981, en el barrio de Navegantes, donde habían estrenado «A os que viram depois de nos: Kassandra in process» y «A Missao Lembrança de uma revoluçao».
Cuando llegamos al terreno, el mismo 31 de marzo, ya había allí un teatro. El piso estaba limpio, nivelado y cubierto de una alfombra de pedregullo muy fino; el terreno estaba perfectamente cercado, un farol a gas iluminaba un portón de acceso; hacia el fondo, un techo de plástico, perfectamente sostenido por perfiles de aluminio, demarcaba un salón de actos con un estrado, luces y butacas en semicírculo; diversos puestos vendían, para subvenir a los gastos de la construcción, camisetas conmemorando los 30 años del grupo y magníficos posters. La «tribo», no conforme con esta pulcritud, puso en escena ese mismo día una versión adaptada de su conmovedor espectáculo callejero «A saga de Canudos» que Montevideo pudo ver, por dos presentaciones, en el parque Rodó. Volvimos a oír, y respiramos hondo por fin, todas las palabras y los conceptos que el teatro convencional que nos aflige ha expurgado y teme mencionar: los derechos de la libertad, la necesaria revolución, la justificación de la lucha armada como ejercicio del derecho irrenunciable de resistencia a la opresión, la alianza nefasta de la Iglesia con los Poderes. Anunciaron también los Oi Nois… su próximo estreno, en el próximo Festival de Porto Alegre: «O amargo Santo da purificaçao – Vida, Paixao e Morte do Revolucionário Carlos Marighella», que había sido prohibida en los años 80, cuando debió estrenarse; una hermosa simetría del destino quiere que el entonces diputado estatal José Fogaça, que defendió en 1980 a la pieza contra la prohibición, sea hoy el Prefecto que concede al grupo su sede definitiva.
El día siguiente un panel con el título «A Cena da Tribo» reunió a Caco Coelho, Valmir Santos, Paulina Nólibos, Antonio Januzelli, Narciso Telles y el suscrito crítico de «La República». Sigue parte de nuestra exposición.
Las utopías son posibles
Destaco en las creaciones de Oi Nois Aquí Traveiz la fe en la utopía, en su correlativa certeza de que esta sociedad es una creación humana y como tal es transformable en una organización mejor.
A veces imagino una asamblea, una reunión de chimpancés, antes del comienzo del Paleolítico. Uno de ellos dijo: «Habrá un tiempo en que no nos quedaremos en los árboles, sufriendo el viento y la lluvia, sino bajo techo, en bellas construcciones; y aún con alimentos suficientes para un año o dos… algo en mi cerebro dice que eso es posible». El más viejo de la tribu, que sabía latín, dijo, por primera vez en la historia del universo: «Eso es imposible… es… yo no encuentro la palabra… es una utopía…sí… una utopía».
Muchos años después, el filósofo y teólogo francés Bossuet, escribió: «Dios puso a los reyes en la tierra como sus ministros, El reina por ellos sobre la tierra… el trono real no es el trono de un hombre, sino el trono de Dios mismo…» («Política extraída de las Sagradas Escrituras», 1670).
Sin duda, las ideas de democracia, sufragio universal, la revocabilidad de los mandatos de los gobernantes, la libertad del hombre, eran, para Bossuet, una utopía. Ciento diecinueve años después, el poder estaría en las manos del tercer estado, de la burguesía: el ministro de Dios murió, con el sistema feudal, en la guillotina. El capitalismo, hoy, es una realidad; mas fue, hasta hace poco más de trescientos años, una utopía irrealizable. Y oímos, en la pieza de Heiner Müller, «A missao», en las palabras de los Oi Nois… que reprodujeron las de Aristóteles, que la esclavitud es un estado natural del hombre. Aristóteles, la filosofía, erró; mas el teatro, en las palabras de Eurípides, tuvo el honor de decir la verdad: «La esclavitud es una peste».
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