
A partir de hoy se exhibirá en Cinemateca 18 “Cómo celebré el fin del mundo” de Constantin Mitulescu. Se trata de otra muestra de la vitalidad del nuevo cine rumano, de la que el espectador uruguayo ha tenido ya demostraciones en films como “Cuatro meses, tres semanas y dos días”, “Bucarest 12.08″ o “La noche del señor Lazarescu”.
Como “Bucarest 12.08″ o “Cuatro meses, tres semanas y dos días”, el filme retorna a uno de los períodos más oscuros de la historia rumana: la tiranía “socialista real” de Nicolae Ceaucescu.
Se trata, una vez más, de una opera prima, el debut en el “largo” de un joven director que tiene cosas para decir.
La acción transcurre durante el año 1989, pocos meses antes del derrumbe del muro de Berlín y de la caída del propio Ceaucescu.
La adolescente protagonista (Doroteea Petre, ganadora como mejor actriz en la sección “Un Certain Regard” del Festival de Cannes 2006) sueña con la inexistente libertad y con mejorar la vida de su hermano diez años menor. Sus sentimientos se escinden entre el hijo de un policía miembro del partido, y un joven al que tildan de idiota, aunque sus padres son lo suficientemente listos como para ser disidentes.
La acción está hecha de pequeños detalles cotidianos (trabajos, fiestas, amores, rencores), con alguna pincelada de absurdo en torno a un niño que piensa en un asesinato político para mejorar las cosas e intenta periódicamente suicidarse para llamar la atención.
Pero por atrás de la historia individual corre el hilo invisible de la tiranía, insistido en el diálogo (“No hables mal de Ceaucescu”; “No voy a dejar que Ceaucescu te haga mal”) y personalizado en un accidente trivial que genera empero consecuencias graves.
La Gran Historia pesa sobre la pequeña, irrumpe de pronto en cuadros y fotografías que inundan la pantalla, y más expresamente impregna cada elemento de la trama. La figura del Gran Hermano se reproduce en pequeños hermanos que en los diversos lugares donde transcurre la anécdota se convierten en los sustitutos autoritarios a temer, odiar o despreciar.
El dictador se convierte entonces, a la vez, en un leit motiv y un símbolo: el poder absoluto, el pensamiento único, lo público que invade lo privado, tratado a veces con una cuota de “realismo mágico”.
Por atrás del simbolismo, un poco insistido, las mejores virtudes del debutante Mitulescu están empero en la “pequeña historia”, el cariño con que están observados los personajes, la ternura de los pequeños gestos (el abrazo, la mirada, el jugar a lastimarse), la humanidad que subsiste a pesar de vivir unos años de plomo.
El pulso de Mitulescu (que es un hombre joven: nació en enero de 1972 en Bucarest, lo que significa que cuando cayó Ceaucescu tenía aproximadamente la edad de su protagonista) está también en la pintura en pocos trazos de personajes bastante extravagantes que adquieren, empero, un peso y una individualidad reconocibles.
“Como celebré el fin del mundo” se proyectará desde el jueves 10 al miércoles 23 de abril en Cinemateca 18 (18 de julio 1280). Socios tienen acceso gratuito y los no socios abonan $ 85. Vale destacar que la sala descansa los días lunes.
“Cómo celebré el fin del mundo” (“Cum mi-am petrecut sfarsimul lumii”). Rumania, 2006. Director: Catalin Mitulescu. Libreto: Andreea Valean y Catalin Mitulescu. Fotografía: Marius Panduru. Música: Alexander Balanescu. Productores: In-Ah Lee, Philippe Martin, Catalin Mitulescu, Daniel Mitulescu, David Thion, para Les Films Pelléas y Strada Films. Protagonistas: Doroteea Petre, Timotei Duma, Ionut Becheru, Jean Constantin y Mircea Diaconu.
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