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Jueves 10 de abril de 2008 | 4:34
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Canadá y una familia uruguaya

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Hace algunas semanas se trató en LA REPUBLICA el drama que vive una familia uruguaya en Canadá, residente desde hace varios años, la que ahora amenaza ser expulsada de su territorio tras ser acogida en su momento con un status especial de refugiados. Dicha familia con un pequeño hijo uruguayo y otro nacido en Canadá, que padece el Síndrome de Down, iba a ser obligada a dejar aquel país el 1º de marzo último. El alerta dado en LA REPUBLICA en parte parece haber dado sus frutos, dado que la medida ha sido diferida en principio hasta el 15 de junio, en tanto se sigue estudiando el asunto tras la intervención también de una periodista de TV canadiense, que respecto al caso increpó duramente, en su momento, al primer ministro del país del norte.

La solución manejada en principio de que el niño de origen canadiense podía quedar si su familia lo deseaba en Canadá, no sólo asomó como inhumana sino concretamente disparatada y reñida con todo tipo de ordenamiento social. Reconsiderando el caso ahora las autoridades de Migración canadienses, han prorrogado la fecha de salida del país y la familia involucrada confía en una revisión del sonado caso ¡gracias a LA REPUBLICA!

Saluda atentamente

HORACIO DE MELLO

 

Respuesta al artículo “Wilson a contrapelo”, de Adolfo Garcé

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

Un comentarista político, dirigente del Departamento de Opinión Pública, sorpresivamente cuestiona, en los hechos es así, la intencionalidad política gravitante de Wilson en todos sus aspectos, y pre y pos golpe de Estado. Vamos por partes. A todos los grandes hombres y/o políticos del mundo, en cualquier tiempo, se puede, con malicia y pésima intención, buscar y justificar intencionalidades de “soberbias ambiciones” personales en todos los órdenes de sus vidas. ¿Quién puede asegurar, por el absurdo, que Pasteur no investigó y descubrió el antídoto contra la rabia, no por amor al prójimo y espíritu científico contra el flagelo, sino por una mezquina ambición de fama? Lo mismo en otro orden, se puede presumir la mala intencionalidad de Artigas o de los Libertadores Oribe y Lavalleja en sus luchas libertarias, no lo hacían por amor a la Patria y su pueblo sino por la ambición que la historia los elevase al podio de los Héroes en caso de tener éxito. O sea, los que siguen esa línea mezquina de pensamiento, usada en la ocasión por el politólogo Adolfo Garcé, en reciente artículo en El Observador, no tienen derecho a presumir “inteligentemente” intenciones menores en grandes hombres, sino juzgarlos por resultados concretos y visibles en sus grandes logros en defensa, caso Wilson, de la libertad y justicia de su pueblo. No siguiendo o pretendiendo deducir esas miserias que dice en cada acto realizado por él, donde llegó a exponer hasta su propia vida. Para Garcé, previos ditirambos “sutilmente” expresados tratando (sin lograrlo…) “cubrirse” de respuestas indignadas de wilsonistas, siempre las “dudas” sobre la intención del líder Blanco, que según él buscaba como fin primigenio la culminación de su carrera política en una futura Presidencia de la República. En buen romance, la idea o principio de Defensores de las Leyes, incita en las bases mismas de su Partido Blanco y que cumplió fielmente hasta su muerte, no fue más que una “pose” demagógica que encerraba ambiciones futuras. Se olvida y buena cosa es decírselo, que si hoy escribe y talentea como pretende hacer, es gracias a ese Partido Blanco y a hombres como Wilson que le aseguraron la libertad de expresión para que incluso él después termine denostándolo y lanzando “sombras” sobre sus intenciones… Wilson vuelve como lo hizo Oribe, en su tiempo (Pacto de los Caudillos) a buscar y lograr soluciones al país a riesgo de su vida o como mínimo a sabiendas que perdía su libertad como sucedió en la cárcel de Flores. No se preocupe el Sr. Garcé de desentrañar las repugnantes intenciones de los que se aprovecharon de su prisión para lograr, ellos sí, espúreamente la Presidencia de la República o participar acomodando el cuerpo, como también lo hizo el Frente en el Pacto vergonzoso y ramplón del Club Naval. Llega al colmo de presumir, que el cargo de Ministro de Ganadería ocupado años antes, ya lo habría aceptado con el interés menor que le sirviera para escalar posiciones futuras y no de responsabilidad de político honesto cumplir eficazmente su deber patriótico. Esto dicho subliminalmente con “elegancia” tratando de desmerecer su imagen supongo, y ahora sí yo supongo también, en favor de los otros “vivos” que aprovecharon la circunstancia de su prisión para lucro del poder. Alega además, que su brillante actuación parlamentaria no contribuyó a la democracia al derribar tres Ministros. La democracia estaba ya, prácticamente caída. El modo de salvarla de la corrupción colorada y del caso político del staff del momento, no era justo “tapar”, sino cortar de raíz sus corruptelas. Las ramas podridas se deben “podar”. Si se dejan, matan el tronco. Lo dijo el Dr. Perogrullo. Me da la impresión, que este politólogo, no vivió esa época. Y comenta por reflejos y a control remoto hechos y conductas según sus simpatías. Tanto tupamaros como militares, los extremos se tocan muchas veces, señalan justificando la guerrilla unos y el golpe los otros, razones y hechos muchas veces ciertas, financiera Monty, libras de Mailhos, desfasajes múltiples bancarios, latifundios improductivos, intervenciones de diversos tipos incluyendo “inteligencias” extranjeras imperiales, caso del Embajador Siracusa o del “finado” Dan Mitrione, etc. Nosotros sí, las conocimos “in situ” por vivirlas y aseguramos sin equívocos, que la figura de Wilson era la única que podía “parar” todo lo que sugerimos después. Pero sigue y cuestiona que el interés de Wilson y sus blancos, al oponerse a la transición con candidaturas naturales proscritas, era por el miserable cálculo, que si lo dejaban candidatearse, ganaba de seguro. O sea, no era por respeto a la voluntad soberana del Pueblo, a la Ley o un mínimo de lealtad a la Constitución democrática, sino para obtener el Podio Presidencial. ¡Así de simple y menor el objetivo! ¡En el “fondo”, un alma canalla la de Wilson! No acepta admitir la grandeza del gran blanco, en lugar de imaginar “sombras” de mentes enfermizas!

Debió señalar entre otras menudencias, que Wilson logra la paz y la democracia a la pérdida de su fortuna, felicidad con la familia dividida, y por si fuese poco, la salud con el fin de su vida como consecuencia prematura. Cosa que sus detractores directos y subliminales, jamás hipotecaron. Remata el politólogo, como no podía ser de otra manera, que la gobernabilidad ofrecida en su oración de la Explanada y posterior Ley de Caducidad, no era un gesto de generosidad patrióticas, sino hacer lo que más le convenía para insistir en su logro presidencialista, que le birlaron. Por demás, deponiendo su radicalismo principista que se transformó, según Garcé, en el obstáculo a sus desvaríos ambiciosos futuros, pasaba a mostrar una faz más “bonachona” ante la opinión pública. Wilson en ningún momento claudica de su principismo y radical lealtad a la Ley, a la Constitución y orden establecido. Como resultó a la postre en el Club Naval donde se pactó entre otras cosas a la ley de impunidad, al decir del propio Raúl Sendic que tenía como saberlo. (Semanario Búsqueda del 4.12.86 citada en un reciente libro biográfico sobre Wilson) El Sr. Garcé en ningún momento cuestiona a los “vivos”! ¡Pero sí, siembra permanentes “dudas” mezquinas sobre el Gran Muerto! No conozco al Dr. Garcé ni me interesa! Conocimos esa época por estar junto a Wilson y vivirlo “in situ” como blancos que somos! ¡No tocamos piano a control remoto, décadas después, como lo hace gente que es obvio, no es blanca y además enemiga disfraza
da con odios viscerales contra Wilson por añadidura!

LEOPOLDO AMONDARAIN C.I. 950.556/0

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