"El día de los cuchillos largos". Obra de Víctor Manuel Leites, en El Galpón

La historia como un invertebrado

Nos sobran los jugadores de cartas, que no sabemos dónde están, nos sobran la viuda de Flores y todos los demás personajes secundarios, que resultan ajenos al drama… pero nos preguntamos ¿a qué drama? Toda una pregunta, a la que no encontramos respuesta.

Nos molesta el título, que alude a un contexto harto disímil: la purga, por orden de Hitler, la noche del 30 de junio al 1º de julio de 1934, de los dirigentes de las SA, de la que resultó el asesinato de unas 200 personas. Por momentos parece que sobraran hasta Venancio Flores y Bernardo Berro (Enrique Martínez Pazos): ambos aparecen despojados de su historia, de sus antecedentes, de su vida. No hay dialéctica; no hay discusión ni oposición, siquiera verbal, entre ellos. Son sólo dos hombres que hablan; pero hablan de lo que no importa. Flores dice querer retirarse: no lo creemos, pero además no importa; Berro se muestra solemne y vacío, muy mal ubicado entre el público de la sala Atahualpa. Dice que quiere luchar, pero tampoco convence. Es posible que Leites haya intentado algo muy difícil, un drama a contrapelo, por transparencias y alusiones, donde los personajes eluden a la escena; de ser así, el propósito ni fue logrado ni alcanza a justificarse. Apenas nos enteramos, por la lectura del programa de mano, que Flores y Berro fueron asesinados el mismo día. No vemos a ninguno de los dos crímenes, ni sabemos quiénes fueron sus autores. Peor que nada, el autor no toma partido. Dice el programa, con la firma de Leites, reproduciendo una cargosa calumnia a propósito de la supuesta duplicidad de los abogados, que los historiadores, todos ellos sin excepción, «…también se manejan con dos bibliotecas». Así caen, fulminados en una línea de una carilla, seres tan íntegros como Tucídides, Tácito, Tito Livio, Michelet, Gibbon, Mommsen, Rostovtzeff…

Nos hemos preguntado, algunas líneas más arriba, cuál es el drama. No hay un drama de Flores, cuyos motivos no son expuestos; no hay un drama de Berro, del que se sabe menos que de Flores. El espectador queda desconcertado, porque se le han mostrado dos crímenes políticos, pero no se ha tomado partido por ninguno. Hay blancos y colorados, pero no parecen luchar sino dormir. Muy distinta es la atmósfera de «Con divisa blanca» de Javier de Viana, cuya pasión y brillo de escritura impone respeto; en otro drama histórico, éste contemporáneo, «La entrevista de Guayaquil» de Pacho O’Donnell, el autor toma partido; y eso le da temperatura y emoción al encuentro de San Martín y Bolívar. «El día de los cuchillos largos» es frío; tan frío como las hojas de los cuchillos, limpios de sangre.

EL DIA DE LOS CUCHILLOS LARGOS, de Víctor Manuel Leites, por El Galpón. Con Walter Rey, Arturo Fleitas, Enrique Martínez Pazos, Graciela Escuder, Líber Rodríguez, Claudia Trecu, Rodolfo Da Costa, Gustavo Alonso, Claudio Lachowitz, Pablo Dive y Daniel Cardozo. Escenografía y vestuario de Carlos Pirelli, iluminación de Fernando Tabaylain, ambientación sonora de Fernando Condon, dirección general de Dardo Delgado. Estreno del 4 de abril, Teatro El Galpón, Sala Atahualpa.

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