EL ESCRITOR QUE RETORNO DEL INFIERNO

Domingo 06 de abril de 2008 | 4:29
  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

Carlos Liscano es uno de los más relevantes escritores uruguayos contemporáneos. Los trece años de durísimo cautiverio como preso político de la dictadura, le indujeron a refugiarse, como resistencia espiritual a la degradación física y emocional a la cual fue sometido.

Estando ilegalmente privado de su libertad, escribió la novela “La mansión del tirano”, la nouvelle “El informante”, los cuentos de “El método y otros juguetes carcelarios” y el libro de poemas “¿Estará nomás cargada de futuro?”.

Sus primeras obras, engendradas en condiciones inhumanas de confinamiento y tortura, están inevitablemente influidas por las condiciones y el detonante que las generó.

“La mansión del tirano” es una novela experimental, que se sostiene básicamente en una lúcida y aguda reflexión sobre la libertad de la cual supuestamente goza el narrador, para manejar a su antojo su materia literaria, sus personajes y temáticas.

Paralelamente a este análisis, el autor retrata, a través del protagonista de la historia, las durísimas condiciones carcelarias, que nunca se aluden explícitamente. pero que se infieren en la descripción de las pesadillas del personaje.

En “El informante”, Liscano explora la misma temática, aunque el abordaje contempla otros ángulos. Esta novela es más concreta y menos críptica que la anterior, pero el escritor se vale de un humor por momentos absurdo y hasta de sesgo surrealista, para describirnos una historia atemporal y despojada de coordenadas espaciales.

En este caso, el creador construye una metáfora en torno al concepto del tiempo que va desarrollando el ser humano sometido a la soledad, la oscuridad y el encierro en condiciones extremas.

Asombra la lucidez del autor al describir la pérdida de referentes temporales y la distorsión que padece el recluso de algo tan cotidiano e intrínseco al individuo, como las nociones de tiempo y espacio.

También impacta ese arte para decir sin decir, para dar a entender el dolor y la alienación, con recursos muchas veces más elocuentes que la más cruenta descripción.

Según ha admitido el propio Liscano, todos sus personajes son una especie de personaje único al cual le va cambiando el nombre. Aunque no son meros alter ego del autor, todos tienen un poco de su creador, de sus ideas, actitudes y sentimientos.

Estas criaturas literarias existen como un vehículo que el escritor utiliza para bucear en su propia psicología, tomándose a sí mismo como objeto de estudio.

Su obra está básicamente vertebrada por las intransferibles experiencias carcelarias, procurando explicar lo inexplicable y desmenuzar la mentalidad tanto del victimario como de la víctima, que por momentos se confunden, semejando piezas de un mismo engranaje.

Liscano, que además de narrador es un destacado dramaturgo, deja por momentos entrever la idea de que torturados y torturadores son personajes de un texto teatral, que cumplen sus funciones de una forma inevitable y que, en el fondo, no pueden escapar a sus respectivos “papeles”.

Lógicamente, el tema del exilio es también uno de los ejes de la obra del escritor montevideano. Liscano vivió mucho tiempo en Estocolmo, y las obras que allí escribió o concibió exploran la compleja psicología del desarraigado.

También dan cuenta del esfuerzo del extranjero que debe afincarse en un país que no es el suyo, asimilarse a la cultura local y entender los nuevos códigos de convivencia de su patria de adopción, sin abdicar de su origen y sus referentes identitarios.

En “El escritor y el otro”, el autor, si bien retoma en parte algunos de los temas más recurrentes de su obra, centra su atención en analizar en profundidad su carrera como escritor y cómo llegó a convertirse en uno.

En ese discurrir cuasi metafísico, Liscano visualiza diversas estrategias para lidiar cotidianamente con ese “otro yo” que él mismo creo, que es una suerte de alter ego de sí mismo, pero, al mismo tiempo, posee una identidad propia e intransferible.

El escritor se desdobla, mediante un inteligente juego reflexivo en el cual se cuestiona duramente, desmenuza su credo literario y deja entrever su aspecto más humano e introspectivo.

Pero “El escritor y el otro”, si bien es una obra con un corpus bien definido, es, más que nada, una suerte de itinerario personal que apunta a la definición de un concepto crucial: la construcción del Liscano escritor.

El narrador, poeta y dramaturgo ensaya una suerte de salvaje catarsis, desnudando sus contradicciones y sus miedos. En el decurso de ese periplo interior, retoma, además, el tema del encierro y la tortura, como mero marco para explicar el por qué de su decisión de transformarse en escritor.

Dueño de un infrecuente poder de autocrítica, el creador uruguayo radiografía su obra sin miramientos, como si estuviera hablando en voz alta, en un tono intimista y confidente que genera complicidad y empatía en el lector.

Pero el libro no trata únicamente de la creación de escritor, sino que, por momentos, asume la estructura de una confesión, un conmovedor intento por despojarse de subterfugios y contar su propia historia.

Sin embargo, no se trata de una biográfica, sino de la historia del espíritu y la travesía de aquel muchacho de veintidós años pleno de ilusiones, que devino en un ex recluso de treinta y cinco, sobrevivió al infierno y encaró la tortuosa tarea de reconstruirse.

(Editorial Planeta)

  • Imprimir
  • Envíar por e-mail

Comentarios


Domingo 12 de Febrero, 2012
Montevideo, UY
Despejado, 17 °C