OSCURA CRONICA DE SERES MARGINALES

El tema del desarraigo es un tópico muy abordado por la literatura, más aún por la latinoamericana. Personajes que buscan su lugar sin hallarlo, que procuran conformar una identidad más allá del lugar físico donde se encuentren, que intentan forjarse un futuro fuera del lugar que los vio nacer o que se sienten extranjeros en su propia tierra, ya sea por motivos políticos, religiosos, económicos o sociales, pueblan la narrativa regional y, muy especialmente, la uruguaya.

Aquellos que debieron abandonar el país durante la pasada dictadura o que sufrieron la partida de familiares y demás seres queridos, son, a menudo, los que nos narran estas historias de exilio, de eterna búsqueda, de fuga hacia delante en pos de una vida ideal o, al menos, digna.

Emblemáticos escritores de la diáspora como Mario Benedetti, que debió partir de su país como otros tantos compatriotas, amenazado por la barbarie y el autoritarismo o el genial Juan Carlos Onetti, cuyas historias están pobladas de seres que no encuentran un lugar en el mundo, ni siquiera en aquel que deberían identificar como suyo, son apenas meros ejemplos de la cultura del forastero en las letras uruguayas.

Henry Trujillo nació en Mercedes en 1965, pero, desde hace varios años, reside en la ciudad de Montevideo. Licenciado en Sociología es, además, docente y escritor.

Su ya vasta producción incluye: «Torquator» (1993), «El vigilante» (1996), La persecución (1999), «Gato que aparece en la noche» (1998), «El fuego y otros cuentos» (2001) y «Ojos de caballo» (2004).

Además, este prolífico autor ha colaborado recurrentemente con el suplemento El País Cultural, medio donde también publicó varios cuentos breves.

En «Tres buitres», el exitoso escritor mercedario retoma su temática costumbrista, pero, en este caso, teñida de tintes policiales, mediante una novela sólida y bien narrada, ambientada en el interior argentino y boliviano.

El protagonista de la historia es Javier, un joven uruguayo cuyo mayor anhelo es reunir el dinero suficiente para emigrar a España, lo cual le induce a probar suerte en el contrabando de automóviles robados. A primera vista, esta práctica ilícita le parece una opción viable para lograr su propósito de concretar su ansiado exilio.

El muchacho, un sencillo estudiante que no analiza los posibles riesgos y sinsabores que puede depararle su negocio al margen de la ley, afronta su viaje con el propósito de vender una camioneta robada, en una suerte de aventura que él cree le reportará dinero y emoción.

Sin embargo, su ingenua visión de la realidad comienza a ensombrecerse cuando inicia su prolongado periplo, que requiere recorrer algunas de las regiones más decadentes y pauperizadas del continente.

La novela comienza con el relato del protagonista, quien le confiesa a un periodista que aspira a publicar su peripecia con fines comerciales.

Desde un bar de Ciudad Vieja donde los dos personajes dialogan mientras comparten un café, Trujillo nos traslada abruptamente al sur argentino, donde se inaugura el verdadero tour de force que afronta el protagonista.

Luego de conseguir la camioneta, Javier viaja a Tucumán, donde conoce a un argentino que le ofrece ayuda para pasar al otro lado de la frontera, rumbo a la deprimida Bolivia.

En ese contexto, el autor deja la narración a cargo del propio personaje, un desafío para todo escritor, que Trujillo supera sobradamente.

Alejado de los clásicos estereotipos que suelen retratar a los criminales como seres embrutecidos por el medio, desalmados y carentes de valores morales y éticos, el escritor compatriota nos presenta una gama de personajes polifacéticos, capaces de matar con aparente frialdad o de conmovedores con actos de piedad y solidaridad.

El propio protagonista, Javier Michel, es un muchacho sencillo e ingenuo, quien, en ningún momento, se cuestiona la ilegalidad de lo que hace, lo cual asume como parte de una aventura e insoslayable camino para consagrar su sueño de irse a España.

Los personajes comparten un rasgo que los distingue pero al mismo tiempo los hermana: todos son, de una u otra forma, marginados.

El autor renuncia a todo maniqueísmo, absteniéndose de emitir juicios de valor en torno a las conductas de sus criaturas de ficción. En ese contexto, estos seres son, ante todo, contradictoriamente humanos.

Empeñado en alcanzar su objetivo, el protagonista se encuentra con Paula, una enigmática joven, que parece haber vivido y sufrido demasiado para su corta edad.

Al igual que Javier, la mujer es una desarraigada, un ser fuera de su lugar, que busca sobrevivir con el menor sufrimiento posible, sin encontrarle mayor sentido a sus actos.

Un inesperado romance modificará radicalmente el proyecto inicial del joven protagonista, quien pondrá en juego su vida con tal de no perder el amor de la enigmática mujer.

El rumbo cardinal de la novela se torna sinuoso como la vida misma. Sin embargo, el narrador renuncia a eventuales subterfugios o engaños, siguiendo con naturalidad las peripecias de los personajes y, principalmente, la del protagonista y narrador de la historia.

Trujillo sabe mixturar sabiamente el suspenso con el drama, el romance con la tragedia y un humor ácido y algo tenebroso, con la melancolía de quien escapa constantemente, sin saber por qué ni a dónde.

(Editorial Alfaguara)

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