
Guinzburg se había alejado de la conducción de su programa televisivo “Mañanas Informales” el año pasado para cuidar de la enfermedad pulmonar que padecía desde hace algunos años, y una recaída provocó su internación el jueves de la semana pasada en la clínica Mater Dei de la ciudad de Buenos Aires.
A lo largo de su extensa carrera en los medios de comunicación, combinó el periodismo con el humor, convirtiéndose en un destacado exponente de un género que plasmó en exitosos programas de la pantalla chica como “Semanario insólito”, “La noticia rebelde”, “Peor es nada” y “La Biblia y el calefón”.
En su prolífica carrera, Guinzburg trabajó en medios gráficos, como las revistas Humor y Satiricón, y más recientemente publicaba una columna semanal titulada “Desde el diván”, en la que analizaba la actualidad desde su experiencia personal en sesiones de psicoanálisis, en el diario Clarín.
Guinzburg creó exitosos ciclos radiales; escribió, dirigió y protagonizó obras de teatro, además de trabajar como guionista de la popular tira cómica “Diógenes y el Linyera”, que publica diariamente Clarín en su contratapa.
Guinzburg, de cincuenta y nueve años, se encontraba internado desde el jueves pasado en el sanatorio porteño por una infección pulmonar que se complicó en las últimas horas, dado que una semana atrás se había quebrado una vértebra. Esta no era la primera vez que el humorista debía ser hospitalizado por sus problemas de salud, aunque él siempre se encargaba de restarle importancia a los mismos.
“Es un tema histórico, mi viejo problema bronquial. Un resabio de mi infancia que, cada tanto, me juega una mala pasada”, había indicado en una de las últimas entrevistas que concedió.
Sin embargo, durante el último invierno, estos inconvenientes lo obligaron a alejarse temporariamente de “Mañanas informales”, el programa que había transformado en un éxito matutino.
Hacia fines del año pasado, Guinzburg se recuperó y pudo regresar al programa, además de grabar especiales de “La Biblia y el calefón” que se vieron durante este verano.
“Es para recordar y para llorar a este ser tan querido que era Jorge, que trabajaba con humor, sin pasarse nunca de los límites, y siempre eficaz en sus comentarios. Ver a Jorge era una fiesta diaria”, recordó la actriz uruguaya China Zorrilla, tras su fallecimiento. “Jorge era un superdotado en cuanto a su rapidez, no he conocido a alguien con una mente tan rápida e ingeniosa; en un reportaje no te dejaba pasar nada”, opinó por su parte el actor y humorista Enrique Pinti, al evocar la trayectoria de Guinzburg.
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