Buena salsa en versión rioplatense
Son contadas las excepciones a esa especie de regla no escrita, por lo que la mayor parte de los «hits» de «música tropical» no parece apuntar a una búsqueda que intente al menos la novedad o cierto buceo en esos esquivos terrenos de lo que todavía llamamos «arte».
El grupo salsero Patakin, en cambio, parte de un acercamiento a los géneros «tropicales» que se ubica prácticamente en las antípodas de ese tratamiento. Un primera escucha permite darse cuenta de que pese a los rótulos que puedan existir en común, Patakin tiene poco que ver con grupos como Chocolate y Monterrojo. Todos sus integrantes son músicos que provienen del jazz y sus cercanías, por lo que los arreglos incluyen un montón de detalles que no aparecen ni siquiera esbozados en los grupos mencionados.
Las intenciones y las fuentes de Patakin también son distintas: partiendo de la salsa popularizada por el sello Fania en los setenta (Ruben Blades y Willie Colon son dos de sus cabezas más visibles) y de una particular mezcla del son cubano con géneros locales como el candombe, la alquimia de Patakin camina por rumbos más interesantes a la hora de la canción concreta. Hay «gancho» en sus canciones pero este no surge de un torpe estribillo futbolero sino de melodías y armonías salseras bien cantadas y bien tocadas.
Integrado por Marcelo Iribarne (voz), Marcelo «Taquini» Núñez (bajo), Santiago Gutiérrez (saxo), Sergio Tulbovitz (percusión), el cubano Juan Prada (piano), «Pipo» Esmoris (percusión), Ricardo Gómez (batería) y Jorge Damseaux (teclados), Patakin muestra en su segundo disco, Salsalada, una madurez compositiva que lo coloca como uno de los pocos grupos que hacen salsa en serio en nuestro medio, con buenas canciones, bailables y pegajosas (ambos aspectos son clave para que el género resulte disfrutable), muy bien interpretadas.
La única objeción que puede hacerse al repertorio contenido en el segundo disco del grupo (que fue banda de sonido de la película El Viñedo) es cierta epigonalidad en lo compositivo, como si los compositores Núñez y Damseaux todavía no hubieran completado la lectura de los posibles puntos de contacto y desarrollo que existen entre la salsa y los géneros locales que se aluden.
De cualquier forma, se trata de una objeción menor, que apenas resulta pertinente ante la notoria musicalidad. Mas aún, no hay nada que indique que la búsqueda de esos puntos de contacto deba ser el camino de la banda, aun cuando podrían ayudarla a desarrollar un perfil más personal: lo que hacen es salsa de alta factura y eso debería ser suficiente.
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