Emotivo Festival de Durazno
Esta fiesta de la música popular que comenzó el jueves pasado culminó con la designación de un nuevo Charrúa de Oro, galardón que se llevó el dúo riverense Víctor y Daniel. El premio Revelación fue para Abayubá Sánchez.
El festival de Durazno sin lluvia no es festival. Desde hace años, las inclemencias del tiempo golpean duramente en alguno de los días en que se desarrolla esta fiesta del canto vernáculo, y este año no fue la excepción. La jornada del viernes, que se presentaba como una de las más atractivas, debió ser suspendida por la lluvia que cayó momentos antes de iniciarse el evento, lo que llevó a que Víctor Heredia, Larbanois-Carrero, Tantomán y Sebastián Amaro Soria, por mencionar algunos de los artistas que debían cantar esa noche, lo hicieran a partir del medio día del sábado, por lo que esta jornada se extendió por casi veinte horas, ya que se sumó la programación de ese día.
Hay una verdad incontrastable. En los últimos años se ha sumado una generación de adolescentes y jóvenes, que no eran habituales años atrás en este tipo de eventos, lo que le ha dado una característica muy particular al festival de Durazno, un aire nuevo, a una de las fiestas más relevantes del canto vernáculo de nuestro país.
En la gran sede del rock, el folclore existe, vive y perdurará muchos años más. La presencia del ex Niquel, roquero de antaño, Jorge Nasser, junto a folcloristas que cultivan la vertiente más tradicional de esta proyección, es el mejor ejemplo de esa convivencia musical.
Pero también debe advertirse que este encuentro musical posibilita, como otros que se desarrollan en esta ciudad, la oportunidad de que muchos duraznenses puedan, aunque sea por pocos días, beneficiarse económicamente al explotar comercialmente diferentes rubros.
El homenaje que se le brindó al recordado y querido cantor Pablo Estramín en la noche del sábado juntó emoción, recuerdo y hasta lágrimas. Un grupo de actores escenificó algunos de los temas que desde el audio cantaba Pablo, que miles silenciosamente presenciaron y cerraron con un soberano aplauso.
La Comisión Organizadora con buen criterio hizo entrega al hermano de Pablo de un nuevo Charrúa de Oro, que vendrá a sustituir el que manos insensibles y despreciables sustrajeron de la casa de Pablo algunos días después de su fallecimiento, junto a su guitarra y a recuerdos entrañables que el cantor guardaba en su hogar.
De lo estrictamente artístico vale destacar algunas nuevas voces que se presentaron, como Abayubá Sánchez, que fue revelación, Mario Capdevilla, Carlos Malo, Sergio Sosa, Ricardo Fernández Más, Canario Martínez y la reiteración que hicieron de su valía artistas como Víctor Heredia, Larbanois-Carrero, Carlos Alberto Rodríguez, Maciegas, más la confirmación de figuras como el dúo Víctor y Daniel, consagrado merecidamente como Charrúa de Oro 2008.
Mucho se puede decir de este festival, que ya lleva 35 años de vida y que, pese a que año a año se le encuentra algunas carencias, otras se corrigen, sigue siendo una fiesta de la cultura y del canto, que difícilmente tenga similares en este país.
Durazno ha tenido la virtud de mantener, pese a los cambios de gobiernos locales que se han dado, este festival que ha permitido contar sobre el escenario con las figuras más prestigiosas del canto uruguayo y argentino. Creo que no ha quedado cantor sin subirse al escenario San Pedro del Durazno. Desde Mercedes Sosa, León Gieco, Víctor Heredia, pasando por Los Olimareños, Zitarrosa, José Carbajal, Daniel Viglietti, Aníbal Sampayo, hasta Ariel Ramírez, Jaime Dávalos, Chalchaleros, Fronterizos, Grupo Vocal Universo, Los Zucará, hasta los actuales Numa Moraes, Maciegas, Larbanois-Carrero, Carlos Alberto Rodríguez, Los Orilleros, a los que hay que agregar la nueva veta del canto popular uruguayo.
Aciertos y discrepancias, virtudes y defectos, pero el festival sigue su rauda marcha, consagrando año a año a los nuevos valores que serán el cambio generacional de un canto popular uruguayo que debe, necesariamente, renovarse.
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