ENTRE EL HOMBRE Y EL MITO

Horacio Quiroga (1878-1937) fue uno de los más talentosos y controvertidos narradores uruguayos y también uno de los más destacados autores de habla hispana.

Fundó la tertulia de «Los tres mosqueteros» y se inició en las letras a muy temprana edad, bajo el patrocinio del emblemático escritor argentino Leopoldo Lugones.

Viajó a París en 1900 y vivió como un bohemio, en forma austera y miserable. Procuró tener contacto con los artistas más notables que vivían en la capital francesa, pero su empresa no dio los frutos esperados.

Para poder subsistir, Quiroga se convirtió en escritor de folletines, publicando numerosos cuentos más que nada en Argentina, país donde transcurrió la mayor parte de su carrera literaria. Escribiendo por encargo y ciñéndose a un espacio predeterminado ­en la mayoría de los casos no más de una página o muy excepcionalmente dos­ aprendió a sintetizar y a concentrar su poder narrativo en pocas palabras, usando únicamente las expresiones necesarias.

No por ello su narrativa perdió atractivo, sino que, por el contrario, llegó a transformarse en uno de los más grandes maestros del cuento breve de lengua castellana.

«Horacio Quiroga El escritor y el mito (revisiones)», de Pablo Rocca, es una reedición de una obra que tiene ya más de una década.

Sin embargo, el autor admite que la inclusión de nuevos textos y de más datos a propósito del destacado literato salteño, le motivaron a ampliar la obra original y reeditarla.

En este libro, que es un valioso y esclarecedor análisis sobre la compleja vida y psicología del escritor uruguayo, Rocca procura llegar más allá de la leyenda oscura, del sangriento mito tejido entorno a la controvertida figura de Quiroga.

El investigador narra minuciosamente los primeros años de la producción del célebre autor, sus diversas actividades, entre las que se cuenta la de crítico de cine, su trabajo diplomático, sus turbulentos amores y el estigma familiar de la alineación y el suicidio, destino que siguió también su maestro Lugones, y del cual tampoco él pudo escapar.

Mediante testimonios de amigos y parientes del escritor y crónicas de periodistas de la época que lo conocieron, este trabajo condensa sus largas temporadas en el inhóspito paisaje de Misiones, en la frontera argentino-paraguayo-brasileña, ambiente que fue fuente de inspiración de gran parte de sus mejores narraciones.

Rocca analiza los comienzos de Quiroga en la poesía, con la publicación de «Los arrecifes de coral» (1901), obra sin mayor consecuencia enmarcada en el modernismo, corriente de la cual el propio literato compatriota abjuró radicalmente.

El investigador recupera a un Quiroga humano, contradictorio, salvaje y burgués, atormentado y feliz, introduciéndonos en su vida dramática, siempre cercana a la estrechez económica.

En ese contexto, evoca los matrimonios conflictivos, las experiencias con la droga y el constante cerco del suicidio que acompañó su peripecia vital.

Una de las mayores virtudes de esta obra es situar al escritor en su contexto histórico y artístico, examinando las influencias literarias de autores de la talla de Rudyard Kipling, Joseph Conrad y, sobre todo, el magisterio de Edgar Allan Poe, del cual heredó la atmósfera de alucinación, crimen, locura y estados delirantes que pueblan sus narraciones.

El autor investiga pormenorizadamente la «leyenda negra» de hombre violento, salvaje y dado a los excesos, disociando la realidad del mito que el propio Quiroga ayudó a construir para incrementar su redituable fama de autor maldito.

También desmenuza la atribulada psicología del salteño, revelando sus sueños, traumas y temores, muchos crípticamente cifrados en lo más profundo de sus narraciones.

(Ediciones de la Banda Oriental)

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