Memoria de la fotografía uruguaya
El auge de la fotografía uruguaya tuvo su coronación el año pasado con el ambicioso y bien aceitado proyecto Fotograma 07 . Además de la excelencia organizativa y de los buenos y útiles guías- catálogos, se enfocaron muestras colectivas e individuales que en ningún caso quisieron ser exhaustivas. A excepción de los alemanes con Fotografía Subjetiva, no hubo personalidades del exterior (la mediocre de Atget, no cuenta), ni siquiera de los países limítrofes que como Brasil y Argentina tiene creadores de primera línea. Quienes visitaron, unos meses antes, PhotoEspaña 07 en su décima edición, tuvieron un panorama distinto, con Sebastiao Salgado, Andrés Serrano, Sylvia Plachy, Zhang Huan, Miguel Angel Ríos, Man Ray, Lynn Davis, Bruce Davidson, Raymond Depardon que, en su magistral diversidad, pusieron en contacto con modalidades y preocupaciones, temáticas y técnicas, de actualidad o revisiones históricas fundamentales. Las comparaciones son odiosas pero sirven para despabilar al provincianismo local, más allá de inevitables limitaciones presupuestales o de contacto con el exterior.
Otras limitaciones son las que presenta el libro Historia de la fotografía en el Uruguay de Juan Antonio Varese (Ediciones de la Banda Oriental, 445 pp, Montevideo, 2007). Varese (Montevideo, 1942) es investigador, memorialista y fotógrafo (presidió Foto Club Uruguayo en dos períodos) y en notas periodísticas suscitó real interés en sus informes. El libro, en cambio, decepciona. Ya desde el diseño de carátula y el diagramado interior no resultan atractivos. Se esperaba que por ser la primera historia de la fotografía en Uruguay y de acuerdo a los antecedentes periodísticos del autor, la agilidad de la escritura y la síntesis presidieran el libro, además de un criterio histórico firme. Nada de eso sucede. Es una historia que abunda en lo superfluo (amables crónicas descriptivas) y desdeña lo fundamental (reconstrucción de un pasado con rigor). Se entretiene en la evolución de los aparatos fotográficos, en los primeros que utilizaron la cámara oscura (profesionales y aficionados), los fotógrafos de prensa, los artistas fotógrafos (Frangella, Aguerre, Testoni, que no fueron los únicos), investigadores y coleccionistas, una cronología y anexos documentales. Maneja un abundante material, que conoce muy bien a lo largo de quince años de investigación, pero no sabe articularlo adecuadamente. Aunque hay anécdotas pintorescas, el libro es un soberano aburrimiento. Su mérito, «servir de punto de partida para futuros estudios». Ojalá.
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