La lucha por la libertad como compromiso ético
En «Sin desensillar y hasta que aclare», el ex sindicalista y ex diputado frenteamplista Juan Pedro Ciganda desarrolla un revelador ejercicio de memoria, que rescata buena parte de la epopeya libertaria de la clase trabajadora.
Juan Pedro Ciganda, que actualmente es licenciado en Ciencias Históricas egresado de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, ha desarrollado una intensa actividad sindical y política.
Desde la década del sesenta del siglo pasado, su militancia le permitió alcanzar importantes responsabilidades en la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay. Fue miembro del Consejo Central en dos oportunidades.
Asimismo, presidió AEBU entre 1976 y 1984, integrando, además, el núcleo fundador del Plenario Intersindical de Trabajadores a comienzos de 1983, central obrera que recogió el legado de lucha de la emblemática Convención Nacional de Trabajadores, que permaneció ilegalizada durante la dictadura.
Asimismo, Ciganda fue dirigente de la Cooperativa Bancaria, institución que presidió durante el lapso comprendido entre 1970 y 1976.
En su actividad política, fue electo como diputado por el Frente Amplio en las elecciones de noviembre de 1984, habiéndose desempeñado en su escaño parlamentario hasta 1990, lapso que coincidió con el período de restauración democrática.
Asimismo, estuvo afiliado al Partido Comunista del Uruguay entre 1977 y 1991, habiendo integrado su Comité Central.
Actualmente, está profundizando en temas teóricos de la historia y trabajando en investigaciones sobre el pasado reciente de nuestro país.
Este primer libro revela la sensibilidad y fina percepción de Juan Pedro Ciganda, quien asume una atenta mirada a algunos de los más cruciales acontecimientos de nuestro devenir histórico.
Su vasta experiencia militante le permite visualizar los escenarios desde una perspectiva de luchador social, a lo cual adosa las herramientas de análisis propias de un investigador.
Este trabajo es bastante más que una mera crónica de sucesos que conmovieron a nuestro país, en la medida que se adentra en la psicología de los personajes y su particular circunstancia histórica.
Aunque la materia prima temática es la lucha del sindicato bancario contra la dictadura, la epopeya narrada opera como disparador de la reflexión colectiva y se proyecta al conjunto de la sociedad uruguaya que resistió al autoritarismo.
Más allá de meras intenciones apologéticas acerca de la heroica militancia de AEBU por la recuperación de las libertades, la obra corrobora la valiente y no siempre reconocida brega del movimiento sindical que resistió la prepotencia de la dictadura.
En la introducción de este libro, Juan Pedro Ciganda ensaya una breve pero no menos atinada mirada retrospectiva en torno a los sucesos que precedieron al golpe de Estado, la polarización política de ese tiempo y la escalada represiva.
Su visión se desmarca claramente de todo propósito historiográfico, para centrarse en la peripecia de los trabajadores que compartieron el ineludible compromiso de luchar por la restauración democrática.
En ese contexto, la breve reseña histórica de AEBU funciona como soporte de la real experiencia humana que el autor se propone recrear.
Queda claro que, desde su nacimiento, el sindicato bancario siempre estuvo en la vanguardia de las más gloriosas luchas obreras de horizonte transformador.
Ese imperativo ético les impuso el mandato de militar no sólo por los intereses de sus afiliados cotizantes, sino también por un proyecto de país más justo y solidario que contemplara las reivindicaciones de las grandes mayorías nacionales.
Con visible admiración, Juan Pedro Ciganda revive una memoria impregnada de heroísmo, en un tiempo en el cual había que sobrevivir como se pudiera.
Apelando a las experiencias propias y a numerosos testimonios que se remontan a la segunda mitad del siglo pasado, el relator recupera las cuasi anónimas proezas de los trabajadores enfrentados a la emergencia de preservar la democracia interna de AEBU en un escenario particularmente adverso.
Ciganda pasea su memoria por esos tiempos turbulentos que pusieron a prueba la fortaleza del sindicato bancario, pero también de otras organizaciones gremiales y movimientos sociales.
Sin desestimar ningún aspecto relevante al contexto recreado, el narrador evoca las jornadas de 1º de mayo en plena dictadura, cuando las movilizaciones estaban prohibidas por un gobierno que no admitía ni la menor expresión de disidencia.
Sin embargo, Ciganda corrobora que esas expresiones de rebeldía brutalmente reprimidas por el régimen, eran realmente parte de una estrategia global de lucha contra un modelo económico que privilegiaba a la oligarquía y al gran capital.
No sólo se bregaba por la recuperación de las libertades conculcadas, sino por la preservación de un Uruguay otrora tolerante e hiperintegrado que naufragó dramáticamente cuando se hizo añicos el mito de la Suiza de América.
Enfrentados a un gobierno autoritario que apostó a estrangular al movimiento sindical, los trabajadores bancarios desplegaron varios frentes de lucha, que actuaron entre la legalidad y la clandestinidad.
Ciganda recuerda a un sindicato que se mantuvo activo y no desechó ninguna estrategia, desarrollando nuevas modalidades de protesta que burlaban las serias restricciones impuestas por el gobierno de la época.
La evocación de medidas como paros parciales con escasa visibilidad pero gran impacto simbólico, ruidos y silencios cuidadosamente coordinados, constituye un revelador trabajo de recuperación de la memoria.
Otro tanto sucede con las estrategias desplegadas para recaudar la cuota social que permitiera mantener la actividad de la organización.
El autor consagra buena parte de este relato autobiográfico a la vida interna del sindicato, que en ese tiempo promovió tal vez con mayor intensidad el desarrollo de actividades sociales, deportivas y culturales.
Se entendió que cualquier circunstancia era un buen pretexto para movilizar a los trabajadores y a sus familiares, así como para acercar a muchos de los intelectuales y artistas que no estaban presos ni exiliados.
Una jugosa anécdota que data de 1977, da cuenta de la celebración del aniversario del sindicato abruptamente interrumpida por tropas armadas a guerra que allanaron la sede gremial.
Si bien se trata de un episodio doloroso que desnuda con singular crudeza la barbarie del régimen, los apuntes resultan sumamente reveladores en torno a la madurez y la inteligencia de los trabajadores para mantener a AEBU en pie.
Un capítulo escasamente transitado por la literatura testimonial que en este libro merece una atinada reflexión, refiere a los intentos del gobierno autoritario por instaurar un marco regulatorio en materia sindical.
Enfrentada a la emergencia de blanquear su imagen ante los observadores internacionales que recibían permanentes denuncias de violaciones a los derechos humanos, la dictadura pretendió autolegitimarse con una ley que aparentara restaurar las libertades sindicales.
Ciganda evoca de qué modo se aprovechó cada espacio que habilitó el gobierno para operar gremialmente, dentro del encorsetado esquema de restricciones diseñado por el régimen usurpador.
Con un criterio que mixtura lo informativo con lo minucioso, el narrador valora la coordinación internacional con la resistencia en el exilio, así como los contactos y vínculos entablados con sindicatos extranjeros hermanos.
Obviamente, Ciganda no soslaya los permanentes encuentros mantenidos con dirigentes políticos compatriotas, que apuntaban a fortalecen la base de sustentación del frente opositor.
Intercalando insoslayables referencias a acontecimientos como el plebiscito de 1980 y el obeliscazo que conmovió los cimientos de la dictadura, Juan Pedro Ciganda recupera la memoria del heroico 1º de mayo de 1983 y la fundación del Plenario I
ntersindical de Trabajadores, que permitió volver a respirar a los sindicatos.
Más allá de su escritura llana, frontal y sin rebuscamientos, «Sin desensillar y hasta que aclare» es un revelador testimonio de la inclaudicable lucha de un sindicato por la libertad y la recuperación democrática.
Juan Pedro Ciganda se revela como un atento observador y un criterioso intérprete de cruciales acontecimientos que conmovieron a nuestro Uruguay y corroboraron la valentía de su clase trabajadora.
(Ediciones de Cauce)
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