
Aunque el verano está inevitablemente asociado al sol, la playa y al carnaval, la actividad artística no cesa. El Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó recibe buena concurrencia a las cinco exposiciones temporarias ( Agueda Dicancro, Oswaldo Guayasamín, Ernesto Vila, Juntos, Satélites de amor, además de los videos de fin de semana y el colgado del acervo) y el Muhar del palacio Municipal, inesperadamente se convirtió en un llamativo imán con la muestra Arte Negro que, lamentablemente, no tiene mínima difusión oficial y está habilitada solo los sábados de 12.00 a 17.30 horas. En la zona céntrica están los museos Gurvich y Mapi y más lejos, en el Prado, el Blanes.
Maldonado, Punta del Este y más allá, con el aluvión turístico, las galerías funcionan, concentradas en La Barra. En la capital fernandina reabrió el Museo de Arte Americano de Maldonado (MAAM) en la vieja casona reciclada con esmero y un espléndido acervo reunido por Jorge Páez Vilaró. Allí, el domingo 3 de febrero a las 21.00 horas, el rematador Juan E. Gomensoro Piñeyro empuñará el martillo para subastar obras nacionales en su mayoría de un atractivo inusual. Un extraño y desconocido paisaje, óleo de Juan Manuel Blanes, Guitarreando bajo el ombú, posiblemente de 1860, de su primera época, según un certificado de autenticidad de Aníbal Aguirre Saravia. Blanes no cultivó el género paisaje y lo incorporó como fondo de escenas gauchescas y retratos. Lo curioso, es constatar que al mismo tiempo, en el óleo sobre cartón, La tapera de Pedro Figari, aparece otro ombú con figuras de animales, en una correspondencia a distancia, dos visiones, realista y fantástica, del paisaje nativo.
También el alemán Johann Moritz Rugendas (1802-58) en Ranchos y carretas, documenta el entorno rural. Casi, sin proponérselo, un proyecto de exposición que se prolonga con Gaucho, pequeña pintura sobre cartón de Blanes, en una deliciosa pose teatral, Manuel Rosé se interna en escenas históricas con El entrevero, óleo de vigorosa resolución, mientras Guillermo Rodríguez se entretiene en Gaucho con poncho a rayas y Figari vibra en color de Candombe.
El catálogo ofrece numerosas personalidades del arte moderno. Carlos A. Rufalo, Petrona Viera y Carmelo de Arzadun transitan por el planismo, mientras las excelencias se reparten con el informalismo de los años cincuenta y sesenta en obras sólidas de Jorge Paéz Vilaró, José Gamarra, Raúl Pavlotzky y Agustín Alamán. Avanzando, las generaciones de Jorge Casterán, Virginia Patrone y Carlos Musso, seguidas de Diego Píriz y Rita Fischer, se hacen notar. Entre los torresgarcianos, Francisco Matto, Dumas Oroño, Augusto Torres, Manuel Pailós, Juan Storm y claro, el maestro Torres García.
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