A pesar del impecable Brendan Fraser

Al diablo con el diablo

El filme del artesano Harold Ramis se plantea como una comedia digestiva con el viejo tópico del diablo hecho mujer que caza a su Mefisto contemporáneo y lo seduce casi completamente. Gran lucimiento protagónico de Brendan Fraser y correcta la despampanante Elizabeth Hurley.

Sábado 25 de noviembre de 2000 | 12:00
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 <DT>Un buen actor, una actriz bonita, pero una pel

Raúl Forlán lamarque

Un bonachón y tímido oficinista (Brendan Fraser) nunca se come una rosca. Sus compañeros de trabajo le disparan como si se tratara de una versión yanqui de Fúlmine y la muchacha de sus sueños (Frances O’Connor), lisa y llanamente, ni se fija en él. Lo manda a paseo.

Pero todo aparentemente tiene su solución en este mundo que despliega Harold Ramis en Al diablo con el diablo. El personaje se topará con Lucifer o concretamente el Diablo (una sexy Elizabethy Hurley, la ex de Hugh Grant) y a partir de allí, contrato mediante, siete deseos podrán ser cumplidos. Y ser el más grande, el más apuesto, el más poderoso, el más sensible, el más rico y apetecible, el más glamoroso. ¿Una contratapa de los siete pecados capitales?George de la selva o La Momia o la formidable Dioses y monstruos.

El actor puede entonces transformarse en segundos en un narcotraficante colombiano o, si se quiere, en un chico sensible que recita sonetos a su amada (siempre la O’Connor) frente a un espectacular crepúsculo playero, mientras se le caen lágrimas de cocodrilo. Verlo actuar es realmente impresionante y, de algún modo, demuestra finalmente la técnica y la generosa expresividad de Fraser. Aunque la pregunta obvia es qué diablos hace en este filme tan menor, tan descartable. Si fuese para conquistarse a la imponente (físicamente hablando) Elizabeth Hurley, está bien. Pero lo debe de haber hecho por un buen puñado de dólares y en Hollywood (y no tan solo allí) es una razón más que válida. Aunque el actor de Con Honores ya está para realizaciones de mayor espesor y depende de sus elecciones que siga creciendo o no.

Al diablo con el diablo va en contra de su impecable currículum actoral, pero al fin y al cabo los teenagers seguramente van a disfrutar de algunos gags y del consabido happy end. Porque en estas comedias torpes hasta el diablo se redime. Horror.

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