Tres adioses a este mundo

La génesis del teatro está intrínsecamente vinculada a la literatura, en tanto el arte escénico es la representación de la letra escrita o bien de la narración oral.

La diferencia reside, naturalmente, en la formulación estética, que reproduce, sobre el escenario, el espíritu de la obra engendrado por la imaginación o el mero producto de la reflexión del autor.

Al igual que las letras, el teatro ha intentado reproducir, con mayor o menor rigor, las diversas inflexiones de la realidad, más allá de su mero formato representacional.

Tanto en la tragedia como en la comedia, existe siempre un propósito sustantivo: la intención de retratar las facetas de la condición humana.

No en vano el propio William Shakespeare ­uno de los más emblemáticos dramaturgos de todos los tiempos- representó en su obra las miserias del alma y los sentimientos más deleznables, pero también pasiones tan turbulentas como el amor entre los míticos Romeo y Julieta.

Milton Schinca es, sin dudas, una de las figuras consulares del teatro uruguayo y responsable de una extensa producción que alcanza ya diecisiete obras estrenadas.

Su sensibilidad puesta al servicio de una vasta cultura, le ha permitido triunfar y trascender en un arte siempre cargado de desafíos y complejidades.

En «Tres adioses de este mundo», Milton Schinca registra tres piezas inéditas y aún no trasladadas al escenario, las cuales confirman que su genio creador se mantiene intacto.

En todos los casos, el autor imprime un acento polémico y cuestionador, que propone nuevas miradas sobre personajes reales o de ficción.

Todos los relatos, que obviamente son presentados como corresponde en lenguaje teatral, confrontan al lector a situaciones y conflictos terminales.

En «San Francisco, el vuelo de Asís», el autor elabora una visión claramente iconoclasta sobre el fundador de la conocida orden religiosa, cuya prédica desafió al poder eclesial y al orden dominante de su época.

El texto tiene un sesgo deliberadamente crítico, que desnuda los conflictos entre la opción por los pobres de Francisco y la hipocresía de los recurrentes mercaderes de indulgencias.

Otro tanto sucede con «Voces finales de Artigas», que presenta al anciano héroe en su exilio paraguayo, quien carga sobre sí el peso de la culpa y del fracaso de su proyecto político emancipador.

En tanto, «Arácnidos» también expone con singular crudeza las miserias humanas, en una compleja trama de corrupción política, económica y religiosa.

Estos «Tres adioses a este mundo» proponen un gratificante reencuentro con un autor mayor de nuestra cultura.

(Edición de Banda Oriental)

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