LIBROS: Trama. "Desconfianza infinita" revela los entretelones castrenses

La pulseada cívico militar en tiempo de posdictadura

El proyecto transformador requiere contemporáneamente de un permanente debate teórico, destinado a construir las herramientas de cambio que permitan atender las legítimas expectativas del colectivo social.

Escrito por: Hugo Acevedo |

Domingo 06 de enero de 2008 | 10:23
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El arrasamiento de las instituciones y las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la dictadura, devinieron, luego de la restauración democrática, en un estado de permanente tensión entre civiles y militares.

En “Desconfianza infinita”, el joven investigador Fernando Amado elabora una minuciosa pesquisa de nivel académico, destinada a revelar los entretelones de los ascensos y promociones militares operados en el período de posdictadura.

Este libro, que es una versión ampliada de la tesis de graduación del autor para la licenciatura de Ciencias Política de la Facultad de Ciencias Sociales, procura arrojar luz sobre los inevitables conos de sombra de uno de los temas más espinosos de nuestro tiempo.

Soslayando una eventual introducción en torno al período autoritario, Fernando Amaro concentra el núcleo de su análisis en el gobierno encabezado por el herrerista Luis Alberto Lacalle, la segunda administración de Julio María Sanguinetti, la presidencia de Jorge Batlle y la primera mitad de la actual experiencia progresista en la conducción política del país liderada por Tabaré Vázquez.

No queda claro por qué el investigador renuncia de plano a analizar con la profundidad requerida los primeros cinco años posteriores a la dictadura, cruciales para la interpretación del devenir de los acontecimientos.

Como se sabe, la primera presidencia de Sanguinetti, que llegó a ceñir las banda presidencial luego de una elección condicionada por las proscripciones políticas y el temor de la ciudadanía, fue un tiempo de democracia tutelada o bien de transición hacia la plena recuperación institucional.

Sin embargo, algunos no muy explícitos pero igualmente inadmisibles actos de desacato militar y la sanción bajo presión de la Ley de Caducidad que institucionalizó la impunidad de los crímenes de lesa humanidad, condicionaron muchas de las actitudes de los futuros gobiernos.

De allí el imperativo de ahondar en ese tiempo histórico pautado por los conflictos y una permanente pulseada entre la democracia restaurada y el por entonces subyacente poder de los mandos castrenses, todos ellos sobrevivientes del régimen autoritario.

En buena medida, la ausencia de ese indispensable trabajo de recreación dificulta la comprensión del problema por parte del lector más joven, que no vivió esos acontecimientos ni los estudió en el aula, hasta la incorporación de la historia reciente por parte de las actuales autoridades de la educación pública.

No obstante, más allá de esas salvedades, el trabajo de Amado importa porque aborda un tema virtualmente ignorado por la literatura de género testimonial: la elección de las cúpulas castrenses durante los gobiernos posteriores a la restauración institucional iniciada en marzo de 1985.

Al desarrollar su razonamiento, Fernando Amado parte de la tesis de que casi toda la producción histórica o ensayística en torno a las relaciones cívico-militares se limita al período autoritario, la predictadura o algunas de las secuelas más visibles de las violaciones a los derechos humanos perpetradas por los usurpadores uniformados.

Para iniciar el análisis crítico de este libro, es necesario asumir que la cuestión militar sigue siendo un indeseado tema central en la agenda institucional del poder político, pese a la demolición de la impunidad y el procesamiento de una decena de represores.

En tal sentido, el joven autor ensaya una breve pero esclarecedora introducción en torno a los criterios históricos dominantes para el nombramiento de las jerarquías militares durante el siglo pasado.

Obviamente, Amado no soslaya la crucial incidencia de los equilibrios de poder, determinada particularmente por la hegemonía y la cooptación del Partido Colorado, colectividad que dominó buena parte de la escena política del Uruguay independiente.

El escritor pone particular énfasis en el análisis de la cuestión de la lealtad, fuente primordial de confianza política y presunta garantía de subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil.

Naturalmente, en sus dos períodos de gobierno consecutivos transcurridos entre 1959 y 1966, el Partido Nacional emuló algunas de las conductas de sus colegas colorados en el manejo de las promociones militares.

Uno de los indudables valores agregados de este trabajo es la explicación asumida por el autor en torno al denominado “orden de derechas”, un código no escrito que tradicionalmente ha regido las promociones de coronel a general y a los mandos superiores de las Fuerzas Armadas.

Si bien el estudio se concentra primordialmente en el ejército, que es el arma que detenta el mayor poder de fuego y reúne el grueso de la tropa, queda claro que el temperamento predominante siempre ha sido la antigüedad en el grado más allá de la mera actitud profesional.

Ello corrobora que, históricamente, las instituciones militares mantuvieron, por lo menos hasta marzo de 2005, un nivel de autonomía absolutamente incompatible con el sistema democrático, pese a su subordinación al poder civil.

Aludiendo a los cuatro gobiernos estudiados, el autor concluyó que la administración de Sanguinetti fue la más respetuosa del “orden de derechas”, que el gobierno de Lacalle tuvo una actitud menos complaciente con esa regla y que la presidencia de Tabaré Vázquez marcó un cambio cualitativo en esta materia.

Otra dimensión del problema que se torna bastante explícita en este trabajo, es la presunta afinidad político- partidaria de los jerarcas militares ascendidos por los gobiernos de turno.

Fernando Amaro recuerda los conflictos generados entre las cúpulas de los partidos tradicionales, por el presunto intento de “blanqueo” de mandos y jerarquías castrenses durante la presidencia de Lacalle.

No obstante, revela las permanentes negociaciones entre colorados y nacionalistas para la digitación de algunas designaciones, lo que confirma que la cuestión militar fue otro de los tantos temas consensuados entre ambas colectividades históricas que compartieron los resortes del poder durante más de un siglo y medio de historia.

El joven investigador ensaya diversas miradas en torno a algunos acontecimientos que sacudieron la vida institucional del país: mutuas acusaciones de amiguismo en las designaciones, acuerdos entre Lacalle y Batlle, relevos de mandos, atentados con bombas y la caída del Ministro de Defensa blanco, Mariano Brito, a raíz de un sonado caso de espionaje entre militares.

El autor recrea minuciosamente esas tensiones, derivadas, en la mayoría de los casos, de álgidas y a menudo soterradas disputas por espacios de poder y de la nunca zanjada desconfianza entre la clase política y los militares.

La cuestión de la lealtad castrense al mando superior de los gobiernos constitucionales, fuertemente erosionada por el golpe de Estado y el ulterior arrasamiento de las instituciones, siguió siendo un factor de mutua desconfianza.

En el último tramo de este trabajo de investigación, Amado ingresa en los territorios tal vez más revulsivos del tema: el abordaje de la cuestión militar durante el actual gobierno de izquierda.

Al igual que en otros casos y con documentación a la vista, el autor corrobora que la administración encabezada por Tabaré Vázquez promovió un cambio cualitativo en el criterio para la designación de las jerarquías castrenses, que no siempre respetó la valoración de la ubicación en los cuadros escalafonarios. Tampoco se consultó a los referentes militares para adoptar las decisiones que ­obviamente- en estos casos son un resorte privativo del poder civil.

En el decurso de este libro, Fernando Amado no omite mencionar el relevo del teniente general Carlos Díaz como comandante en jefe de la fuerza de tierra, por haber mantenido una reunión con dirigentes políticos sin autorización.

También alude a la influencia de la masonería que, a su juicio, habría tenido un peso determinante en algunos ascensos durante este pe
ríodo de gobierno.

Sin embargo, el talón de Aquiles de este trabajo es la falta de precisión en la determinación de la eventual afinidad política de los militares promovidos, lo que en parte resta credibilidad al planteo.

Es claro que tratándose de una investigación sobre un tema tan controvertido, resulta inconveniente recurrir con tanta frecuencia al condicional y esbozar hipótesis sin un adecuado sustento conceptual.

No obstante, más allá de altibajos, el mayor valor de “Desconfianza infinita” es desnudar las tensiones cívico militares, en un período de nuestra historia en el cual comenzaron a restañarse las heridas del pasado.

(Editorial Fin de Siglo)

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