Combatiente. El escritor Juan Antonio Pérez Sparano llegó a luchar en Nicaragua

Preso por la dictadura y exiliado

Pérez Sparano nació en Montevideo, cursó Primaria en el Colegio Pío y Secundaria en el Liceo Nº 9 Dr. Eduardo Acevedo.

Allí, integró un Comité de Ayuda a los Tupamaros (CAT), transformándose en una víctima de la represión cuando aún era apenas un menor de edad.

Fue secuestrado por efectivos militares el 2 de agosto de 1973 e internado en el Batallón de Ingenieros Nº 1, donde padeció confinamiento y duros interrogatorios durante 15 días.

Posteriormente, fue derivado al albergue Alvarez Cortez, donde participó, junto a otros compañeros, en una huelga de hambre como protesta contra las condiciones de detención y los malos tratos a los cuales eran sometidos los internos por parte de los adultos.

Por entonces, apenas dos meses después del golpe de Estado, nuestro país padecía la fase más álgida de la represión autoritaria, que abolió groseramente todos los derechos constitucionales en el marco de una salvaje ofensiva contra las fuerzas opositoras.

Luego, fue liberado el 6 de setiembre por su condición de menor de edad y viajó a la República Argentina, donde se radicó durante un tiempo. Prosiguió sus estudios en la Escuela Adventista del Plata, en la localidad de Paraná de la provincia de Entre Ríos.

El autor recordó que algunos de sus más queridos compañeros como Jorge Martínez Horminoguez y su esposa Marta Severo, fueron vistos por última vez con vida en el «chupadero» de Quilmes, en la ciudad de Buenos Aires.

Según se presume, habrían sido trasladados a Uruguay y ejecutados por miembros de la OCOA, posiblemente en La Tablada.

De todos modos, ambos permanecen desaparecidos, al igual que Carlos Severo Barreto, Beatriz Angelet y Guillermo Sobrino, quienes compartieron la lucha con Pérez Sparano.

Luego de vivir exiliado en Argentina y en España, Pérez Sparano viajó a Nicaragua, donde participó en la revolución sandinista como militante del movimiento Patria Grande y con el aval del por entonces senador Enrique Erro.

De regreso a Europa y con una rica experiencia de combate acumulada, residió cuatro años en Suecia, hasta que, el 31 de diciembre de 1984, a instancias de la Comisión Nacional de Repatriación, emprendió el regreso a nuestro país.

Agotada la experiencia populista con amplios sectores del Partido Nacional, sólo fructífera durante la dictadura, plasmó el resultado de sus reflexiones en «Una historia secreta: ni blancos todos, ni nacionalistas todos», con la íntima convicción de dilucidar la verdad histórica.

Al margen de este libro de próxima aparición, Pérez Sparano ha publicado los siguientes trabajos: «La afirmación nacional- la República Oriental del Uruguay y el Partido Nacional», «Obra de Carlos Roxlo» (tomos 1 y 2) y «Obra de Eduardo Víctor Haedo» (tomos 1 y 2).

También fue colaborador del semanario «La democracia» cuando era dirigido por Wilson Ferreira Aldunate, entre otras publicaciones.

 

BLANCOS REBELDES

El libro valora particularmente la figura de Lorenzo Carnelli, «que va más allá que Luis Alberto de Herrera cuando conjuga teoría y práctica al refundar al Partido Blanco, con divisa blanca y toda la obra oribista de progreso social, puntero en educación y seguridad social, por la que compite con la blanca y celeste de Luis Alberto de Herrera y el Partido Nacional, en la elección de 1926″.

Con documentos de la época a la vista, la obra corrobora que a la elección de 1926 comparecieron blancos y nacionalistas con lemas y candidatos diferentes. Mientras el Partido Nacional nominó al Dr. Luis Alberto de Herrera a la Presidencia de la República, la fórmula del Partido Blanco fue encabezada por Lorenzo Carnelli.

En la consulta electoral de ese año, el Partido Colorado obtuvo 141.581 votos, el Partido Nacional 140.055 y el Partido Blanco 3.844.

Las radicales diferencias programáticas entre blancos y nacionalistas posibilitaron que el Partido Colorado lograra la victoria por apenas 1.526 sufragios.

Según reflexionó Pérez Sparano, «si el directorio del Partido Nacional se hubiera blanqueado algo aceptado los cuatro proyectos de rehabilitación obrera propuestos por los blancos para ir juntos hacia un gobierno de coalición, otra hubiera sido la historia y Luis Alberto de Herrera hubiera sido presidente de la República».

La segunda parte de esta investigación adquiere un tinte aún más polémico, cuando ingresa raudamente en los territorios de la historia reciente.

En este tramo, Pérez Sparano elogia la actitud principista y de resistencia a la dictadura de algunos blancos emblemáticos como Enrique Erro (cofundador del Frente Amplio), Wilson Ferreira Aldunate y Héctor Gutiérrez Ruiz, este último asesinado por la coordinación represiva regional del Plan Cóndor.

Asimismo, el libro evoca la experiencia personal militante y combativa del propio autor.

También en este tramo hay acusaciones muy fuertes: «Sectores del Partido Nacional de actividad permitida durante la prohibición de funcionamiento de los partidos políticos, codo con codo con los torturadores y asesinos, señalaban y acusaban, de comunistas, subversivos, sediciosos, tupamaros, anarquistas y terroristas a los libertarios que arriesgaron todo en su lucha contra la tiranía».

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