Influyente. Su piano atrajo multitudes que se interesaron en el jazz

Murió el pianista Peterson

Centenares de discos y miles de conciertos y festivales a lo largo y ancho del planeta (incluso estuvo en Montevideo con su trío, el 8 de mayo de 1969) lograron que la figura de Peterson se transformara en sinónimo de buen jazz, entusiasta, de ritmo contagioso y abundante swing.

Falleció el domingo 23 en su domicilio de Toronto, Canadá, a causa de complicaciones renales. Tenía 82 años.

Había nacido en Montreal el 15 de agosto de 1925. A los seis años empezó a estudiar piano y a los catorce ganó un concurso de aficionados. Le obsequiaron con una audición semanal en una radio local y allí entró en contacto con discos de Earl Hines, Teddy Wilson, Art Tatum, Nat King Cole y otros pianistas.

Entre 1945 y 1949 grabó una treintena de títulos para la RCA Victor. Fueron suficientes para que el empresario Norman Granz lo contratara para debutar en el Carnegie Hall. Antes de ingresar al escenario, Granz le dijo: «Toque lo que usted quiera y tómese el tiempo que necesite». Las paredes de la augusta sala neoyorquina temblaron con las ovaciones y los aficionados estadounidenses descubrieron en Peterson a un prodigio canadiense que dominaba los secretos del piano-jazz y que improvisaba con un swing y una fogosidad dignos del mayor encomio.

En 1952 nació el primer trío de Oscar Peterson, con Irving Ashby en guitarra y Ray Brown en contrabajo. Los guitarristas cambiaron con el correr de los años (Barney Kessel, Herb Ellis), pero en 1959 fueron reemplazados por el baterista Ed Thigpen, conformando el exitoso trío Peterson-Brown-Thigpen que estuvo en la cumbre hasta 1965.

Después aparecieron otros bateristas (Louis Hayes, Bobby Durham) y contrabajistas (Sam Jones, el checoslovaco George Mraz, el danés Niels-Henning Örsted Pedersen), pero el trío siguió conquistando audiencias con su imbatible fervor y la inacabable frescura de sus interpretaciones.

En 1993 Peterson sufrió un grave accidente automovilístico, del cual pudo recuperarse dos años más tarde. Su nombre encabezó varias veces las encuestas anuales de pianistas preferidos y ganó ocho premios Grammy, incluyendo el de 1997 a toda su trayectoria jazzística.

 

EXCELENTE DISCOGRAFIA

Afortunadamente los discos de Peterson han sido reeditados con frecuencia. Una lista de los imprescindibles podría incluir los grabados para Verve y Pablo, los sellos de Norman Granz.

Entre ellos, At the Stratford Shakespearean Festival (1956), At the Concertgebouw (1957), Night Train (1962), Oscar Peterson Trio plus one (1964, con Clark Terry en fliscorno), Oscar Peterson and Dizzy Gillespie (1974) y Live at the North Sea Jazz Festival (1980, con Joe Pass en guitarra y Toots Thielemans en armónica).

A eso hay que agregar los numerosos álbumes grabados en otros sellos con Ella Fitzgerald, Harry Edison, Jon Faddis, Roy Eldridge, Stephane Grappelli, Count Basie y otros famosos, demostrativos de la increíble versatilidad estilística de este fenómeno canadiense.

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